Dr. Ismail YILDIZ

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Mis articulos

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE “RECUERDO, REPETICIÓN Y ELABORACIÓN”.

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE “RECUERDO, REPETICIÓN Y ELABORACIÓN”.

Publicado en la revista de Asociación Psicoanalítica Colombiana, Psicoanálisis (APC), XX, (1), 148-151, 2008.

 

Ismail YILDIZ, MD, MSc., Psicoanalista.

Miembro Titular de Asociación Psicoanalítica Colombiana (APC), Federación Psicoanalítica de America Latina (FEPAL) y de International Psychoanalytical Association (IPA).

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En lugar de destacar las partes muy positivas que tiene el escrito de Freud de 1914 “Recuerdo, repetición y elaboración”, criticaré algunos aspectos de estos conceptos y mencionaré otros procesos que suplementan el proceso psicoanalítico en la actualidad. Señalando las partes de las teorías de Freud que ya no tienen vigencia, es mi intensión ayudar en la construcción de nuevos modelos para explicar mejor los hechos psicológicos.

 

En el escrito mencionado, Freud describe las modificaciones ocurridas hasta entonces en la técnica psicoanalítica. Al lado de los cambios, él sigue considerando principal el recuerdo de los años de infancia (la supresión de las lagunas del recuerdo) para la curación y piensa que la resistencia se opone a ese proceso de recordar.

A pesar de sus esfuerzos para que el paciente recuerde, Freud descubre que, en general y sobre todo cuando predomina la transferencia negativa, el analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo, repitiendo en la transferencia. De todos modos Freud siempre consideró que toda la transferencia no es sino la repetición del pasado infantil.

Freud usa en este escrito por la primera vez el término de compulsión de repetir (repetición obsesiva) para denominar las repeticiones en la transferencia de vivencias dolorosas del analizando que producen resistencias. Freud adjudicará más tarde la repetición de vivencias dolorosas, dañinas o patológicas en transferencia (también las pesadillas repetitivas en las neurosis traumáticas, juegos infantiles, neurosis de destino y la reacción terapéutica negativa) a la existencia especulativa de pulsiones de muerte (Freud, 1920, 1937). En la vida anímica, la compulsión de repetición sería más primitiva, elemental e instintiva que el principio del placer (Freud, 1910) al que se sustituiría en los fenómenos mencionados.

En el escrito que estamos considerando, Freud dice que la mejor manera de elaborar la compulsión repetidora es la transformación de la neurosis del analizando en la neurosis de transferencia y curarla en la situación analítica. Considera la elaboración como el tratamiento para superar las resistencias que perduran durante todo el proceso analítico. De otra parte equipara la elaboración de las resistencias a la derivación por reacción de las magnitudes de afecto aprisionadas por la represión, como ocurría en el tratamiento hipnótico.

 

Considerando lo anterior y otros escritos de nuestro fundador, puedo decir que Freud prosiguió con sus propósitos de hacer del psicoanálisis una ciencia natural y de considerar al otro (enfermo, paciente, analizado, analizante) como un objeto (objeto de conocimiento) y a sí mismo, como psicoanalista, un observador neutro. Las tendencias anteriores de Freud se manifiestan en sus afirmaciones repetitivas de que todo lo que pasa en la situación psicoanalítica se debe a la repetición en la transferencia del pasado del analizando. Con esta consideración Freud reafirma también indirectamente el determinismo psíquico a ultranza. Lo más importante es que no toma en cuenta (o no toma en cuenta suficientemente) los efectos del analista y no considera que el otro (considerado objeto) es un sujeto que reacciona también en el presente, imagina un futuro. Cuando consideramos al analista como observador neutro nos hacemos implícitamente irresponsable del proceso psicoanalítico y de sus fracasos eventuales. Más tarde Freud aceptará la existencia de la contratransferencia, pero como un defecto en el analista (sus puntos ciegos). Aún cuando el psicoanálisis llegó aceptar plenamente la contratransferencia como inevitable y hacer de ella un instrumento de comprensión e interpretación, la tendencia a hacer irresponsable al psicoanalista sigue vigente en los términos adoptados como contratransferencia, contraresistencia y contraacting out; como si el analista no tuviera ninguna tendencia (por su propia personalidad) a tener transferencias, resistencias, actuaciones. De todos modos, a parte de las repeticiones de vivencias del pasado, en la situación psicoanalítica surgen nuevas interacciones y nuevas relaciones intersubjetivas (entre dos sujetos), que incluyen ciertos grados de creatividad y de libertad.

El punto de vista interpersonal no puede restringirse al concepto de “observador participante”. Este concepto no deja suficientemente en claro que la participación del analista significa intervención desde el comienzo mismo del encuentro. El analista, sea callando o hablando, influencia el campo de su observación. No puede escaparse del hecho de que su participación conlleva cambios en el analizando, incluso si se deja llevar por el autoengaño de no tener en mente ninguna meta especial al conducir el diálogo, basándose sobre el ideal imposible de neutralidad.

 

Otro reduccionismo de Freud en este escrito es que sigue considerando la meta principal del tratamiento psicoanalítico como una superación de las resistencias para recordar el pasado y la curación sigue siendo equivalente a derivación por reacción de afectos bloqueados. Cierto que todo esto es importante, pero no toma en cuenta la resignificación del pasado, la restauración o la remodelación de estructuras psicológicas existentes, la construcción de nuevas estructuras psicológicas, la construcción de nuevos sentidos (nuevas representaciones), y aun de “construcción” de un mejor futuro, aunque sea imaginario (conceptos relacionados con el futuro. como esperanza y desesperanza, son temas muy poco trabajados en psicoanálisis). Todas estas resignificaciones (historización), remodelaciones y construcciones se realizan (o deben realizarse) en la relación interpersonal entre el analista y el analizante en un proceso psicoanalítico bien llevado.

 

De otra parte, con su hipótesis especulativa de pulsión de muerte (y pulsiones de vida) con intensiones teleológicas, Freud no solamente explica las repeticiones dolorosas y las reacciones terapéuticas negativas, sino todos los hechos de la vida psicológica y biológica. Efectivamente, la pulsión de muerte estaría al origen del masoquismo, sadismo, agresividad, violencia y destructividad humana, y aun de la muerte natural de todos los organismos vivos (Freud, 1920, 1924, 1937). Aunque la escuela kleiniana aceptó esta hipótesis especulativa sin mayores cuestionamientos y la usó en la construcción de sus teorías explicativas, esta hipótesis sigue siendo una de las más controvertidas en psicoanálisis.

Por otro lado, la hipótesis de pulsión de muerte aleja mucho actualmente el psicoanálisis de las ciencias biológicas. Porque los conocimientos actuales de la biología, que son mucho mayores que en los tiempos de Freud, no apoyan de ninguna manera la existencia de pulsiones teleológicas de muerte. Algunos psicoanalistas se apoyan en un proceso biológico denominado apoptosis para argumentar a favor de la existencia de pulsión de muerte. Pienso que esta argumentación debe basarse en un conocimiento insuficiente de este proceso biológico. De hecho, la apoptosis es un proceso de necrosis celular sin inflamación, es decir una muerte celular programada, que empieza a ocurrir aun antes del nacimiento e interviene en el desarrollo biológico normal, en la renovación y la remodelación continua de los tejidos y los órganos. Los biólogos denominaron a los genes que se activan para inducir los procesos de apoptosis como “genes de muerte”, refiriéndose a la muerte de una célula, y no a la muerte de un organismo entero o de una persona. Efectivamente, los genes no tienen intenciones teleológicas de producir la muerte de un organismo, tampoco de favorecer su vida.

 

Los procesos de recordar, olvidar o reprimir implican mecanismos complejos de memoria cognitiva y emocional que las neurociencias estudian intensamente. Recordar y repetir los eventos placenteros y displacenteros históricos individuales y colectivos (en los cuentos de hadas, leyendas, mitos, canciones, literatura, obras de artes plásticas, películas) son también partes principales de la vida cultural humana. El recuerdo y la rememorización de vivencias traumáticas personales y colectivas (fenómeno Nazi, bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagazaki, para dar dos ejemplos únicamente) deben servir no solamente a elaborar las heridas y los resentimientos del pasado sino también para impedir que se repitan.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Freud S. (1910). Los dos principios del funcionamiento mental. p.1638-1642. Obras Completas (OC), Tomo. II, Biblioteca Nueva (BN), Madrid, 1981.

- (1914). Recuerdo, repetición y elaboración. p.1683-1688. OC, Tomo II, BN, Madrid, 1981.

- (1920). Más allá del principio del placer. p.2507-2541. OC, Tomo III, BN, Madrid, 1981.

- (1924). El problema económico del masoquismo. P.2752-2759. OC, Tomo III, BN, Madrid, 1981.

- (1937). Análisis terminable e interminable. p.3339-3364. OC, T. III, BN, Madrid, 1981.

 

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