Dr. Ismail YILDIZ

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IDENTIDAD PSICOANALÍTICA Y FORMACIÓN EN PSICOANÁNALISIS (Conferencia)

 

IDENTIDAD PSICOANALÍTICA Y FORMACIÓN EN PSICOANÁNALISIS (Conferencia)

 

Conferencia dictada en Asociación Psicoanalítica Colombiana (APC), y su texto publicado en la revista de Psicoanálisis (APC), XVIII, (2), 112-119, 2006.

 

Ismail YILDIZ, MD, MSc., Psicoanalista.

Miembro Titular de Asociación Psicoanalítica Colombiana (APC), Federación Psicoanalítica de America Latina (FEPAL) y de International Psychoanalytical Association (IPA).

MEDICENTRO. Calle 93B No.17-26, Consultorio 406. Bogotá. Tels: 618 26 29/25 18

La persona que desea una primera entrevista para un tratamiento psicoanalítico puede concertar una cita llamando a mi secretaria (Tels: 618 26 29/25 18) o escribiéndome un email a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Nota: Sugiero leer un artículo anterior sobre este tema: "Identidad del psicoanalista".

 

Agradezco al organizador del evento por su invitación.

 

Cuando era candidato de octavo semestre presenté un trabajo sobre este tema. Mi escrito de entonces, revisado y modificado, fue publicado en el último número de la revista de nuestra asociación (Yildiz, 2006). En la conferencia de hoy ampliaré mis consideraciones anteriores añadiendo el tema de “crisis” del psicoanálisis y de la identidad psicoanalítica. Haré también algunas sugerencias para la formación en nuestro instituto.

 

Freud había dicho alguna vez que el psicoanálisis era una profesión imposible. Si esta afirmación fuera cierta nuestra profesión debería desaparecer. En lugar de ello, el número de psicoanalistas aumentaron y siguen aumentando. Sin embargo, al mismo tiempo, el psicoanálisis está cuestionado desde afuera y desde adentro. Desde afuera se le considera como no ciencia, que sus teorías no pueden ser testeadas o falsificadas usando el método científico. Desde adentro, algunos psicoanalistas consideran que el psicoanálisis está en crisis en sus teorías y en su praxis. Otros psicoanalistas consideran que el psicoanálisis en sí no está en crisis, sino son algunos psicoanalistas que se sienten en crisis.

 

Según el último Roster de IPA ya empezó la formación en psicoanálisis en varios países de ex-Unión Soviética, en Corea y en Turquía. Todo esto es sin contar con la proliferación a alta velocidad de los lacanianos en Francia y en otras partes del mundo.

Sin embargo no podemos considerar el número de adeptos como argumento suficiente a favor de la certeza de nuestra disciplina y a favor de la coherencia y solidez de nuestra identidad psicoanalítica. La física de Aristóteles y el sistema ptolomeoico tuvieron la unanimidad durante más de mil años a pesar de que estaban totalmente equivocados.

 

Podemos preguntarnos como psicoanalistas si nos sentimos en crisis o no en nuestra identidad psicoanalítica. En caso de sentirlo, ¿qué significaría para cada uno de nosotros?  ¿Estamos satisfechos con la formación que hemos recibido o que estamos dando? ¿Existen necesidades de cambios en la formación para que, eventualmente, las siguientes generaciones sean mejores psicoanalistas que nosotros o tengan una mejor identidad psicoanalítica? ¿O que nos sentimos satisfechos cómo estamos y no habría nada que cuestionar o mejorar? Creo que en este último caso no tendríamos ninguna reunión sobre este tema.

 

Expondré brevemente mi punto de vista actual.

Considero que el psicoanálisis está en crisis o en cambios desde hace mucho tiempo y aun desde su nacimiento. Además, pienso que la crisis del psicoanálisis es inherente a su investigador y a su objeto de estudio, es decir el SER HUMANO.

 

Aclaro que uso el término crisis en le sentido de Kuhn (1962), es decir que cuando el paradigma dominante en una ciencia no explica la totalidad de los hechos y empiezan surgir nuevos paradigmas que compiten con el paradigma dominante.

Freud mismo construyó varios modelos o paradigmas para tratar de explicar la complejidad del ser humano. Esos modelos incluyen tres teorías de pulsiones y dos teorías tópicas, y tienen todavía partes contradictorias e/o insuficientes. Él mismo cambió también sus teorías sobre la angustia.

Sabemos que en tiempos de Freud y después surgieron otros modelos metapsicológicos diferentes que llevaron también a prácticas diferentes en la clínica psicoanalítica. En lugar de que un nuevo paradigma reemplazara al anterior, como ocurrió en la física y la astronomía, en psicoanálisis diferentes paradigmas sobrevivieron y siguen vigentes y compiten.

En tiempos de Freud los paradigmas de Adler y de Jung fueron separados del psicoanálisis freudiano. Después de Freud, las teorías de Klein, Bion, Winnicott, culturalistas, existencialistas, Lacan, psicología del yo, psicología del self,  psicología de comportamiento, psicología cognitiva, psicología sistémica y  teoría vincular son, en el fondo, paradigmas diferentes de comprender la mente humana y de su tratamiento.

Cuando constatamos tantas diferentes maneras de comprender al ser humano y tratarlo, no podemos sino aceptar que la psicología (la ciencia del alma) está en crisis. Considerando que el psicoanálisis es una psicología y que existen en su seno escuelas o paradigmas a veces contradictorias que compiten podemos también aceptar que nuestra disciplina y nuestra identidad psicoanalítica están en crisis (Gómez, 1998).

 

Es posible que muchas personas que trabajan en diferentes escuelas de psicología o en diferentes escuelas psicoanalíticas no se sienten en crisis por el hecho de ignorar, rechazar, renegar o subestimar los otros paradigmas.

Otras personas buscan bases comunes entre escuelas diferentes con el propósito de no sentirse en crisis o de disminuir su intensidad (Márquez, 1990).

La conciencia de la crisis de la identidad psicoanalítica puede producir preocupación y angustia, y aún el abandono de esta profesión. Sin embargo, considero que, la comprensión y la aceptación de momentos de crisis o cambios, a lo mejor, la crisis o la microcrisis permanente, nos hace mejores psicoanalistas ante lo desconocido y lo singularidad de cada paciente. Porque no existe una naturaleza humana sino naturaleza humana cambiante o sea en crisis permanente, en consecuencia es conveniente que el psicoanálisis y la identidad psicoanalítica estén  también en crisis permanente.

 

Para argumentar estas tesis me basaré parcialmente en el libro de Julio Moreno, “El ser humano” (2002). Comparto sus consideraciones de que el ser humano, al lado de su parte animal, es decir los genes, las hormonas, los circuitos neuronales, los neurotransmisores, los instintos, las pautas de comportamiento que despliegan las capacidades genéticas, tiene otra parte específicamente humana, que denomina lo humano del humano. Lo humano del humano tiene capacidad de autogenerar cambios en su manera de relacionarse con su entorno, crear nuevos conceptos, crear cultura y transmitirla a las siguientes generaciones. Según las investigaciones arqueológicas y antropológicas esta capacidad de autogenerar cambios, el gran salto cualitativo, ocurrió hace unos 40 mil años, y no se sabe cómo. Desde entonces el ser humano se volvió más específicamente humano creando cultura y evolucionando culturalmente. Sin excluir la influencia de la evolución biológica que sigue vigente (mutaciones y recombinaciones genéticas y la supervivencia del más apto por la selección natural) el ser humano escapó en gran medida a la maquinaría darviniana para evolucionar culturalmente. Seguramente existe también una selección entre culturas, pero no la consideraré en este trabajo.

Los animales desplieguen una potencialidad genética o sus instintos o sus pautas de comportamiento, el ser humano lo supera, autogenera cambios, “progresa”, tiende a la complejidad y se adapta al medio ambiente sin cambios genéticos.  De otra parte, el ser humano cambia mucho su ambiente para adaptarlo a sí mismo. Además, lo humana del humano es capaz de cambiar, y mucho, su naturaleza animal. Esto lo observamos principalmente en el ejercicio de su sexualidad, agresividad y narcisismo. Todo esto le hace también mucho más vulnerable a los trastornos mentales.

 

El autor defiende que, el ser humano, al lado de su parte animal que funciona con representaciones o pautas de comportamientos heredados (como los robots preprogramados), percibe además más allá de sus recursos representacionales, más allá de la racionalidad para poder autogenerar cambios. El ser humano percibe, se afecta e incorpora como producción suplementaria lo que está más allá de lo maquinal, de lo animal, lo que en cada situación no tiene recursos para comprender. Por eso lo incompleto, lo paradojal y lo enigmático son propios del humano; y por ello su lógica es abierta, aun cuando todos intentos de la humanidad – en realidad, lo animal del humano – intenten cerrarla.

Según este autor existiría dos polos en el psiquismo: uno sería el sistema asociativo que se organiza en el enlace asociativo entre representaciones. Para este sistema, lo percibido es siempre una particularidad de lo conocido, y lo no representado simplemente no existe. Otro polo psíquico del sujeto sería el sistema conectivo que se afectaría por lo desconocido, lo no representado, lo no comprendido, lo impensable y lo indeterminado. Todo lo anterior sería como una diferencia pura, algo insignificante, que deviene una marca significante cuando un hecho le da sentido y es sancionado culturalmente. Esta sanción cultural es compartida y por esto puede pasar inadvertida. Así, el ser humano inventa y crea alternativas inéditas de comprensión, representación y sentido, y las transmite culturalmente.

 

De otra parte, lo humano del humano puede tomar contacto con aquello para lo que se es inconsistente, incoherente, incongruente, ilógico o contradictorio. Tiene capacidad de autoconciencia y de abstraerse, de mirarse y cuestionarse, preguntar y explicar.

Lo humano del humano se da cuenta también de su incompetencia, de su mortalidad, quiere ser inmortal, quiere clonarse, quiere sobrevivir en el espacio sideral en caso de que ocurra una catástrofe en nuestro planeta. Todo esto no es resultado de la evolución biológica sino de su capacidad de autogenerar cambios, de crear cultura y evolucionar culturalmente.

Los humanos quedamos atrapados e intrigados frente a lo que no somos capaces de comprender y explicar. Para protegernos de este incómodo lugar, solemos convencernos de que el universo tiene como límite el confín del sistema que sustentamos; o que sólo existe aquello para lo cual nuestra lógica es consistente. Para mantener ese estado de cosas debemos reforzar la exclusión de las inconsistencias o contradicciones. Pero la historia demuestra que ese intento, aunque a veces dure mucho tiempo, suele fracasar, por lo humano del humano.

Tomar contacto con la inconsistencia permite promover cambios en sistema lógico o de comprensión, es decir que produce “progreso” y complejidad. En lo humano del humano el azar hace intrusión a través del contacto con lo inconsistente, porque no están predeterminados por los genes cómo y cuándo se generarán una nueva comprensión, una nueva representación, una nueva significación a partir de lo desconocido, de lo impensable anteriormente.

 

La teoría de evolución biológica había demostrado la no existencia de un destino preescrito, las autogeneraciones de cambios en lo humano del humano (canalización y sublimación de los instintos y de pulsiones) indican que tampoco existe una preescritura para esos cambios, es decir que no son determinados, sino da cabida al azar. Efectivamente, la consecuencia de autogenerar cambios radicales ha sido una incesante emergencia de suplementaciones registradas como pasos irreversibles en un patrimonio informático no genético que se transmite a través de la cultura.

Esto no sólo caracteriza a la experiencia de la humanidad, sino que se constata sin cesar en cada individuo. Como psicoanalistas, al escuchar a un paciente, logramos detectar que aquello que lo caracteriza, el modo en que se ha desarrollado su vida, la configuración de su mundo interno y de sus relaciones actuales, es absolutamente singular. Esta singularidad se debe a sus encuentros vinculares encadenados únicos o a sus relaciones interpersonales singulares vividas. O sea, es el producto de cambios que son irreductibles al despliegue de potencias dormidas, o a la transformación de preconceptos heredados en conceptos. Es por ello que las teorías deterministas se limitan en su poder explicativo. Lo humano del humano es creativo y no determinista, mientras que la parte animal del humano sigue funcionando con el determinismo biológico y con tendencia a la repetición.

 

La creatividad humana implica no solamente el indeterminismo y el azar sino también la libertad humana, es decir que es capaz de elegir lo que quiere investigar y crear. Podemos pensar y sentir como  J. P. Sartre, que decía que estamos condenados a la libertad y a la angustia existencial. Ahora podemos decir que esa angustia existencial es generada por lo humano del humano, por darse cuenta de su inconsistencia, su incompletud, el azar, lo desconocido y vivir en la incertidumbre del futuro. Aunque exista una tendencia en el ser humano para vivir con lo conocido, lo racional, con el polo asociativo (es mejor viejo conocido que nuevo por conocer), surgen o se eligen también los procesos de conocer lo desconocido que inducen cambios. Considero que esos cambios producen con frecuencia crisis, al menos microcrisis en lo establecido anteriormente.

 

Ahora, ¿qué tiene que ver todo lo anterior con la identidad psicoanalítica y formación en psicoanálisis?

Como psicoanalistas, somos personas que decidimos conscientemente de cuestionarnos y cuestionar lo conocido, aceptando la existencia de representaciones inconscientes en el ser humano. Al lado de este reconocimiento si aceptamos en nuestra identidad psicoanalítica que exista también lo no representado en todos nosotros, si aceptamos de antemano nuestras vivencias de microcrisis producidas por los cambios autogenerados, podemos, en lugar de sentirnos condenados, gozar de nuestra libertad y del indeterminismo. Así también podemos percibir, recibir y dar sentido a lo nuevo, a la diferencia pura, en nosotros y en nuestros pacientes, con posibilidad permanente de ampliar o cambiar los paradigmas (o vértices) o las teorías anteriores.

La actitud psicoanalítica aconsejada por Bion de “no memoria y no deseo”, aunque me había parecido absurda inicialmente, puede facilitar esos procesos y esas vivencias de percibir y dar sentido a lo nuevo, la diferencia pura, lo desconocido, lo no representado, lo impensado, lo sinsentido, lo siniestro, el futuro indeterminado.

De hecho, varios autores han enfatizado también la importancia de dar sentido a las vivencias sin sentido (sin representaciones) de los analizandos con déficit (Killingmo, 1989) o somatizaciones (McDougall, 1989; Chiozza, 1998), al lado de develar sentidos ocultos (interpretación).

Es probable que los momentos de encuentros entre el paciente y el analista descritos por Stern y col. (1998) faciliten también creación de nuevas representaciones y de sentidos de las vivencias impensables anteriormente.

 

Les recuerdo lo que había escrito en mi artículo citado que daba esperanza implícitamente de conocernos “completamente” algún día. “Si aceptamos que no nos conocemos completamente podemos seguir no solamente con amor a los misterios de nuestros analizandos y sus interacciones con nosotros, sino también con amor a los misterios de nosotros mismos como personas y como psicoanalistas.” Ahora diría, tomando en cuenta lo humano del humano, que es imposible de conocernos “completamente” algún día, porque gozamos de la libertad de crear nuevas representaciones en nuestras futuras relaciones interpersonales indeterminadas.

 

Sugerencias para la formación psicoanalítica

 

Considero que durante los seminarios de formación no se cultivan suficientemente la lectura crítica y contextual de los textos de los maestros, y el pensamiento propio de los participantes (Diazgranados, 1994). En lugar de ello se da más importancia a la repetición de los textos y a los argumentos de la autoridad. Además, pienso que deben descartarse las hipótesis de maestros cuya invalidez fueron demostradas (Laverde, 1998).

 

Además, para facilitar la percepción y la comprensión de lo humano del humano sería conveniente introducir en los seminarios de formación los conceptos básicos y suficientes de filosofía, epistemología, lingüística, teoría cognitiva y de la información. Así se abrirá más nuestra lógica a lo inconsistente y a lo desconocido, se autogenerarán más cambios y se crearán más representaciones. Así, el cambio permanente será una de las características de nuestra identidad psicoanalítica.

 

En consecuencia con todo lo expuesto, pienso que es necesario enfatizar más lo humano del humano, la abertura a lo desconocido, ya que se conoce mejor desde Freud lo instintivo, lo pulsional, el polo asociativo, el mundo interno, la transferencia, lo repetitivo, la rememorización y la elaboración.

 

Muchas gracias por su atención.

 

Bibliografía

 

Chiozza L. (1998). Cuerpo, afecto y lenguaje. Ed. Alianza, Buenos Aires.

Diazgranados D. (1994). Los seminarios en la enseñanza del psicoanálisis. Psicoanálisis (APC), 2: 9-22.

Gómez E. (1998). Crisis del psicoanálisis y formación psicoanalítica. Rev. Soc. Col. Psicoan., 23 (2): 213-226.

Killingmo B. (1989). Conflicto y déficit: implicancias para la técnica. Libro Anual del Psicoanálisis, 111-126.

Kuhn T. S. (1962). La estructura de las revoluciones científicas. Ed. Fondo de Cultura Económica, Colombia, 1996.

Laverde E. (1998). Errores más notorios de la teoría psicoanalítica. Rev. Soc. Col. Psicoán., 23 (3): 441-454.

Márquez J. A. (1990). Bases comunes en psicoanálisis. Psicoanálisis (APC), (2): 111-120.

McDougall J. (1989). Teatros del cuerpo. Ed. Julián Yébenes, Madrid, 1995.

Moreno  J. (2002). El ser humano. La inconsistencia, los vínculos, la crianza. Ed. Zorzal, Buenos Aires, Argentina.

Stern D. N., Sander L. W., Nahum J. P., Harrison A. M., Lyons-Ruth K., Morgan A. C., Bruschweiler-Stern y Tronick E. Z. (1998). Non-interpretative mechanisms in psychoanalytic therapy. The “someting more” than interpretation. Int. J. Psycho-Anal., (79): 903-921.

Yildiz I. (2006). Identidad del psicoanalista. Psicoanálisis (APC), (1): 31-57.

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