PSICOANÁLISIS DEL CHISTE, CÓMICO, HUMOR Y ACTOS FALLIDOS.

PSICOANÁLISIS DEL CHISTE, CÓMICO, HUMOR Y ACTOS FALLIDOS

Publicado en la revista de Asociación Psicoanalítica Colombiana (APC), Psicoanálisis (APC), XVVI. (1), 2014, 13-22.

Por Dr. Ismail YILDIZ, Médico Psicoanalista, Profesor de Psicoanálisis, Bogotá, Colombia.
Miembro Titular de Asociación Psicoanalítica Colombiana (APC, ver psicoanalistas miembros), Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL, para psicoanalistas de AL) y de International Psychoanalytical Association (IPA, para psicoanalistas del “Mundo”).
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PSICOANÁLISIS DEL CHISTE, CÓMICO, HUMOR Y ACTOS FALLIDOS

CONTENIDO

Resumen

Abstract

I. Actos fallidos

I.1. Los olvidos

I.2. Los recuerdos encubridores

I.3. Los lapsus verbales y escritos

I.4. Los accidentes

I.5. Los actos casuales

I.6. El determinismo y la superstición

II. El chiste, lo cómico y el humor

II.1. El chiste

II.2. Lo cómico

II.3. El humor

III. Bibliografía

RESUMEN

Se revisan las explicaciones psicodinámicas de Freud sobre los actos fallidos, el chiste, lo cómico y el humor.

Los actos fallidos son el resultado de un propósito inconsciente. Ellos son provocados por una falla parcial del Yo, en la integración en un todo armonioso de las diversas fuerzas mentales activas en un momento dado.

El placer del chistoso deriva de dos fuentes inconscientes separadas. La primera, es la sustitución regresiva del pensamiento de proceso secundario por el de proceso primario. La segunda, es la consecuencia de la liberación transitoria de impulsos que, de otro modo, hubieran sido dominados o prohibidos.

Las fuentes del placer de la comicidad se ubican en la comparación de dos gastos de energía, localizables en lo preconsciente. Así como el chiste provoca un placer derivado de ahorro de energía de coerción; el placer que provoca lo cómico depende de ahorro de energía de representación.

En el humor la persona rehúsa dejarse ofender y sufrir a pesar de la realidad dolorosa. El placer en el humor surge del ahorro de energía de sentimiento doloroso.

Palabras Claves: Actos fallidos, superstición, determinismo psicológico, chiste, cómico y humor.

ABSTRACT

Freud’s psychodynamic explanations of parapraxes, jokes , comedy and humour are reviewed.
Parapraxes are the result of an unconscious purpose. They are caused by a partial failure of the Ego , in the harmonious integration of all the various mental active forces at any given time.
The pleasure of joke originates from two separate unconscious sources. The first is the regressive replacement of secondary thought process by primary process. The second is the result of the transient release of impulses that otherwise would have been dominated or repressed. .
The sources of the pleasure of comedy are located in the comparison of two energy costs, traceable in the preconscious. As the joke causes pleasure originating from energy savings of coercion; the comic pleasure depends on energy saving of representation.
In the humour the person refuses to be offended and suffer despite the painful reality. The pleasure in humor arises from energy saving of painful feeling.
Key words: Parapraxes, superstition, psychological determinism , joke , comic and humour

Para una mejor comprensión de estos temas que expongo en este artículo es conveniente tener conocimientos básicos de psicología dinámica que se puede adquirir consultando mi libro “FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA DINÁMICA Y DE PSICOANÁLISIS”.

El conocimiento del funcionamiento mental según las hipótesis de la Psicología dinámica o profunda o psicoanalítica se aplicó no solamente a explicar la formación de los sueños y de los síntomas de las psiconeurosis y psicosis, sino también a explicar el mecanismo del chiste, y los motivos de los deslices, errores, omisiones o lagunas de la memoria que nos son familiares a todos y que Freud agrupó como psicopatología de la vida cotidiana (Freud, 1904). Se incluyen los lapsus verbales, escritos, de la memoria y muchos de los inconvenientes que por lo común atribuimos al azar y denominamos accidentes.

  1. ACTOS FALLIDOS

Aun antes de las investigaciones sistemáticas de Freud de estos fenómenos, existía una vaga noción en la mente popular de que tenían algún fin y de que no eran cosas del azar. Por ejemplo, existe un viejo proverbio que dice: “El error de la lengua delata la verdad de la mente”. Más aun, no todos esos errores eran tratados como accidentales. Se le atribuía intencionalidad, aun cuando la persona la desconociera. Cuando, hace unos 300 años, se imprimió un ejemplar de la Biblia en el cual, en uno de los mandamientos decía por error el imperativo en vez del imperativo negativo, el impreso fue severamente castigado, cual si hubiera intencionalmente deseado ser sacrílego (El imperativo negativo se escribió: “Cometerás adulterio”).

Pero, fue Freud el primero que, de modo serio y fundamental, sostuvo que los lapsus y los fenómenos conexos son el resultado de una acción intencional, con un propósito, de la persona afectada, aunque la intención sea desconocida para ella misma o, en otras palabras, sea inconsciente (Freud, 1904, 1915).

I.1. Los olvidos

El más simple de comprender de estos actos fallidos es el olvido. Tales lapsus son, muy a menudo, la consecuencia directa de la represión. Aunque los detalles específicos de la motivación de la represión pueden variar de un caso a otro, es básicamente la misma en todos ellos, es decir, el evitar la posibilidad de la generación de una angustia (temor) o de una culpa (vergüenza), o de ambas.

Por lo común, la razón de olvidar algo es inconsciente y sólo puede ser descubierta por medio de la técnica psicoanalítica, es decir, con la cooperación total de la persona (su asociación libre) que cometió el olvido. De otro modo, debemos depender del azar, para entrar en posesión de datos suficientes que nos permitan adivinar, con mayor o menor precisión, el significado o motivos inconscientes que lo produjeron.

Hay veces que, los olvidos, se encadenan; olvidamos una cita, nos proponemos recordarla en la ocasión siguiente, pero llegada esta, nos equivocamos en la hora, etc.

En el caso de olvido de nombres propios, no sólo se olvida, sino que también pueden recordarse erróneamente. Cuando el sujeto se esfuerza por recordar un nombre olvidado acuden otros -que Freud denominó sustitutivos- que son rechazados como falsos, pero, analizados, muestran alguna relación con el buscado.

El olvido de propósitos puede atribuirse a la acción de una corriente contraria que se opone a la realización de los mismos. Un novio que olvida una cita se disculpará en vano diciendo que la había olvidado. La novia responderá siempre: “Hace un año no la hubieras olvidado”.

Olvido de impresiones, casi siempre, está basado en un motivo de disgusto.

El olvido del lugar donde guardamos un objeto o la pérdida de algo, muestran la intención inconsciente del sujeto de alejar de sí ese objeto. Una de las pérdidas más simbólicas es la del anillo del matrimonio, que indica un alejarse de la pareja matrimonia

I.2. Los recuerdos encubridores

Al analizar los recuerdos fragmentarios de los primeros años de infancia, Freud comprobó, que muchas veces, y contra lo que se podía suponer, de algunas escenas del pasado los sujetos se acordaban de hechos insignificantes que, al proseguir el análisis y reconstruir toda la escena, se veía que, si bien de alguna manera estaban relacionados con esta, carecían de importancia y, en cambio, se había olvidado (omitido) lo que realmente había impresionado al individuo. A estos recuerdos, Freud los llamó recuerdos encubridores, pues encubren lo realmente importante, y agregó, que el proceso descubierto en los mismos -conflicto, represión y substitución transaccional- figura en todos los síntomas psiconeuróticos.

Finalmente, en el estudio de los recuerdos debe tenerse en cuenta la elaboración secundaria de las impresiones primarias, y en el caso de los recuerdos de la niñez, el hecho de que un niño no diferencia necesariamente la realidad de sus fantasías. En los recuerdos infantiles se encuentra, que algunos son falsos recuerdos. No es que las escenas recordadas hayan sido totalmente inventadas -a veces ocurre también-, sino que han sufrido tal elaboración secundaria que tienen más de falsedad que de verdad. Por ejemplo, una persona puede recordar de su niñez, como muy crueles a sus padres, y en realidad no lo fueron. Porque, esta persona, siendo niño, había proyectado masivamente su agresividad sobre ellos.

Freud afirma, que las falsedades del recuerdo son de carácter tendencioso, teniendo por objeto reprimir y sustituir escenas desagradables.

I.3. Los lapsus verbales y escritos

Los lapsus verbales o escritos son a menudo la consecuencia de una falla en la represión completa de algún pensamiento o deseo inconsciente. En tales casos, el que habla o escribe expresa lo que en forma inconsciente deseaba decir o escribir, pese a su intención de mantenerlo oculto.

A veces el significado oculto se expresa en forma abierta en el acto fallido, es decir, que resulta claramente inteligible a quien lo escucha o lee.

En otras ocasiones, el resultado del lapsus no es inteligible y sólo se puede descubrir el significado oculto por las asociaciones de la persona que cometió el error.

Un paciente puede, sin querer, durante la primera entrevista con el analista, llamar madre a su esposa, pero al hacérselo notar no logra sacar conclusión alguna al respecto. Hasta señala extensamente y con lujo de detalles cuán distintas son en realidad su madre y su esposa. Es sólo después de meses de Psicoanálisis que es capaz de reconocer conscientemente, que en su fantasía la madre estaba representada por la esposa y que era aquélla a la que él había querido para casarse, cuando años atrás, estaba desarrollado al máximo su complejo de Edipo. En un caso así, un acto fallido revela con claridad un contenido del Ello contra el cual el Yo, durante años, mantuvo una contracatexia en extremo intensa.

Debemos añadir, que no importa cuán claro pueda parecer un lapsus, y que la interpretación del oyente o del lector de su significado inconsciente nunca puede pasar a ser una conjetura, mientras no esté apoyada por las asociaciones libres de quien cometió la equivocación. Esta dependencia de las asociaciones del sujeto es obvia y absoluta, en el caso de aquellos lapsus orales o escritos, que no son inteligibles de modo inmediato. En ellos, un proceso mental inconsciente interfiere los deseos del sujeto de hablar o escribir, de modo tal, que resulta una omisión, inserción o distorsión de una o más sílabas o palabras con un resultado en apariencia sin significado.

La producción de lapsus orales o escritos suele atribuirse a la fatiga, falta de atención, apresuramiento, excitación o algo por el estilo. Estos factores son coadyuvantes en el proceso, es decir que facilitan la interferencia de los procesos inconscientes en el intento consciente de decir o escribir una determinada palabra o frase.

En la formación de lapsus interviene el pensamiento del proceso primario, con sus características de condensación, desplazamiento, presentación del conjunto por la parte o viceversa, representación por el antagonista, y simbolismo en el sentido psicoanalítico.

Toda equivocación surge por la interferencia de dos propósitos distintos. Hasta en el chiste, se fingen equivocaciones para mostrar una verdadera intención.

En los actos fallidos de la lectura o auditivo, uno interpone sus ideas y las proyecta sobre lo escrito o lo dicho. Los lapsus auditivos se constatan con mucho más frecuencia en las personas con una ligera sordera. Un proverbio dice: “El sordo no oye, sino lo que quiere oír”.

I.4. Los accidentes

Consideremos ahora la clase de actos fallidos que, por lo común, se denominan desgracias accidentales, sea que le ocurren a uno mismo o a otro, como resultado del propio ‘descuido’. Debemos aclarar, desde el principio, que los únicos accidentes que aquí nos conciernen son aquéllos que el individuo provoca por sus propias acciones, aunque no tenga la intención consciente de determinarlos. Un accidente que esté más allá del dominio del sujeto no nos interesa en esta discusión.

Suele ser fácil decidir si el sujeto ha sido responsable del accidente considerado, pero de ninguna manera es fácil hacerlo siempre. Es indispensable la colaboración del sujeto con sus asociaciones libres, para poder descubrir los motivos inconscientes. Por ejemplo, un accidente automovilístico puede deberse sólo a una falla mecánica y no tener nada que ver con una intención inconsciente del conductor, o puede, por otra parte, haber sido causado o directamente posibilitado por el conductor con actos intencionales e inconscientes de omisión o comisión. Del mismo modo, la fatiga, el aburrimiento, el apuro, etc., pueden facilitar un accidente, pero la causa es la intención inconsciente.

La actividad inconsciente del Superyó desempeña, con frecuencia, una parte importante en la producción de desgracias accidentales o percances. Muchos de ellos tienen la intención inconsciente de determinar la propia pérdida o lesión. En la motivación de tales casos juega un papel primordial la necesidad inconsciente de castigo, de sacrificio o de reparación por algún acto o deseo previo. En otros casos, cuando se produce un daño a otra persona, el motivo puede provenir de impulsos agresivos del Ello, con o sin desplazamiento. Estos motivos inconscientes escapan, en parte, a la represión, durante la producción del percance.

A veces un accidente combina el crimen y el castigo. Por ejemplo, una paciente, mientras manejaba el automóvil del esposo, se detuvo en medio del tránsito en forma tan súbita que el coche que la seguía la golpeó y le destruyó un guardabarros posterior. El análisis de ese percance reveló un conjunto complicado de motivos inconscientes. Al parecer había tres distintos, aunque relacionados entre sí.

Por una parte, la paciente estaba inconscientemente muy disgustada con el esposo porque la había tratado mal, de donde, el chocar el auto fue una expresión inconsciente de la ira que era incapaz de desplegar en forma abierta y directa contra él. Por otra parte, se sentía muy culpable como resultado de lo que, en su ira, había deseado hacerle al esposo y había dañado el coche de él como un medio excelente de lograr que la castigara. Tan pronto como se produjo el accidente, ella supo que se lo merecía. En tercer lugar, la paciente tenía intensos deseos sexuales que el esposo era incapaz de satisfacer y que ella misma había reprimido con fuerza. Esos deseos sexuales inconscientes se gratificaron en forma simbólica haciendo que un hombre “le embistiera la cola”, como ella se expresó.

No intentaremos enumerar ni ilustrar todos los tipos de actos fallidos, pues las causas y los mecanismos subyacentes son los mismos para todos, o por lo menos muy semejantes.

Podemos decir, que ellos son provocados por una falla parcial del Yo, en la integración en un todo armonioso de las diversas fuerzas mentales activas en un momento dado. Las fuerzas psíquicas inconscientes, que en mayor o menor grado resisten la integración, y que alcanzan cierto grado de influencia directa, independiente sobre el pensamiento o la conducta en un acto fallido, nacen a veces del Ello, otras del Yo, algunas del Superyó y, por fin, de dos o de todos juntos.

Caerse, resbalar o tropezar, son actos que, a veces, también contienen una intención. Según Freud “la caída es un anuncio de la Neurosis y una expresión de las fantasías inconscientes de contenido sexual de la misma. ¿Acaso no significa lo mismo el proverbio que dice: Cuando una muchacha cae, siempre cae de espaldas?” También, la persona puede cometer aparentes torpezas para infligirse castigo.

I.5. Los actos casuales

Los actos casuales no despiertan extrañeza alguna y ni producen efectos significantes, como por entretener las manos. Los actos como: mesarse la barba, jugar con algo en la mano, garabatear con un lápiz, fabricar bolitas de papel, arreglarse el cabello o el vestido, etc., ocultan un sentido ignorado por la persona que los realiza. Tampoco el sujeto ve u oye los efectos de sus actos. Las circunstancias que rodean la aparición de los actos casuales, los temas recientemente tratados y las ideas que emergen del sujeto, cuando se le llama la atención sobre ellos, proporcionan datos suficientes como para permitir una interpretación.

Por ejemplo, jugar y sacar el anillo de compromiso y volvérselo a poner señalan que el sujeto no está conforme con su matrimonio ni muy fijado al cónyuge.

La interpretación de los actos fallidos fue un gran aporte del Psicoanálisis a la Psicología ya que dio una explicación sobre una serie de fenómenos psíquicos que, hasta entonces, eran enigmáticos. Además, robusteció las teorías freudianas sobre la concepción de inconsciente dinámico y sobre el determinismo psíquico.

I.6. El determinismo y la superstición

Los fenómenos estudiados, tal cual los entendió Freud, demuestran con claridad, que este había llegado a la conclusión de la existencia de un determinismo psíquico. El determinismo psíquico, alegan muchos, es opuesto al Libre albedrío. Freud contestaba, que hay que distinguir entre determinación consciente y determinación inconsciente. El libre albedrío, para el Psicoanálisis, sólo es posible en el campo consciente, lo que equivale a un libre albedrío condicionado, que da razón a los que sostienen que Freud lo elimina del Ser humano o le da un sentido diferente al que comúnmente se le asigna.

Para Freud, la superstición, en cualquiera de sus formas, es una prueba más de la existencia de las motivaciones inconscientes. El supersticioso proyecta al exterior una motivación inconsciente. La religión estaría basada en gran parte en proyecciones de elementos psíquicos al mundo exterior.

En los neuróticos obsesivos, se observa claramente que la superstición es originada por impulsos agresivos y crueles, reprimidos.

La superstición es, en gran parte, temor a desgracias futuras y es muy común que las personas que deseen el mal de los otros, en forma inconsciente, estén muy cerca del temor de que, como castigo, de su maldad inconsciente, les llegue un castigo desde el exterior.

II. EL CHISTE, LO CÓMICO Y EL HUMOR

II.1. El chiste

El chiste, lo cómico y el humor son unos fenómenos familiares en la vida cotidiana, a los que Freud (1905) dedicó su atención en el curso de sus investigaciones psicoanalíticas. Logró demostrar, tanto la naturaleza como la importancia de los procesos mentales inconscientes que forman parte de la formación y del goce de los rasgos del chiste, y adelantó una teoría que explica la fuente de la energía psíquica descargada al reír cuando un chiste es ‘de los buenos’.

Freud demostró, que en toda frase chistosa el pensamiento por el proceso primario desempeña un papel principal. Porque, cuando la frase chistosa se traduce al lenguaje del proceso secundario, sin cambiar su contenido, desaparece el rasgo chistoso. Recordemos, que la representación por analogía y la tendencia a la simplificación extremada de la sintaxis, con omisión de palabras explicativas y de relación, el desplazamiento, la condensación, la representación del todo por la parte o viceversa, la equivalencia de los antagonistas y el simbolismo son características del pensamiento según el proceso primario. Además, puesto que el chiste es principalmente un fenómeno verbal es posible ver, a menudo en el análisis de los diversos rasgos del chiste, las distintas formas en que pueden utilizarse las palabras en el pensamiento de proceso primario. Por ejemplo, pueden unirse partes de palabras distintas para formar una palabra nueva que tenga el significado de ambas palabras primitivas. Podemos considerar que este es un proceso de condensación aplicado a las palabras.

También puede usarse parte de una palabra para representar la totalidad, o el significado de una palabra puede ser desplazado a otra que por lo común significa algo completamente distinto de la primera palabra, pero que se le asemeja en el sonido o apariencia. Todas estas características del proceso primario están incluidas en lo que denominamos “juegos de palabras” o retruécanos. El doble sentido es el más conocido de tales juegos de palabras y aparece en muchas frases chistosas.

Podríamos recordar que, desde el punto de vista de la evolución, el proceso primario es la forma de pensamiento característica de la niñez y que, sólo en forma gradual, se ve remplazada con el tiempo por el tipo secundario. Desde este punto de vista, podemos decir, que una actividad como la del chiste involucra, para el autor y su auditorio -para ambos-, la regresión parcial y temporaria al proceso primario como forma de pensamiento predominante (regresión al servicio del Yo). Un comentario puede producir una sensación de gracia considerable, en virtud del hecho de que el auditorio esté muy predispuesto a divertirse. Una vez se lo ha puesto a reírse con ganas, casi con nada bastará para producirle más risa, aun con algo que, ese mismo auditorio, hubiera recibido sin sonrisa, si hubiera estado sobrio. Del mismo modo, el grado de ingestión de alcohol de los oyentes puede dar la sensación de que aumenta la gracia del que habla. Porque, el alcohol disminuye el control del Yo, disminuye la represión. Esto se verifica en las reuniones sociales donde se toman licores: la reunión empieza con cierta sobriedad y, con el pasar del tiempo, aumentan el tono de conversaciones y se producen carcajadas. A la inversa, cuando una persona ‘no está en situación’, nada le parecerá chistoso. El oyente muy serio no ríe tampoco, porque su censura es tan fuerte, que impide el nexo entre lo instintivo manifestado por otro y lo instintivo personal.

Las características formales descritas son necesarias, pero no constituyen, en sí, una condición suficiente de chistoso. También el contenido es importante. Es característico que el contenido consista en pensamientos sexuales u hostiles, contra los que se defiende en forma más o menos firme el Yo en el momento en que se dice o escucha el dicho chistoso. En este respecto, la palabra “sexual” se utiliza en el sentido psicoanalítico. Es decir, que incluye los componentes oral y anal de la sexualidad, así como el fálico y genital. La técnica de lo chistoso sirve, por lo general, para liberar o descargar las tendencias inconscientes que, de otra manera, no se podrían expresar, o por lo menos no en forma completa. Lo que contribuye más a una mayor participación en el goce del dicho chistoso es el placer derivado de los impulsos prohibidos, sean ellos agresivos o sexuales, o ambos.

El placer del chistoso deriva de dos fuentes separadas. La primera, es la sustitución regresiva del pensamiento de proceso secundario por el de proceso primario. Se supone, que el placer derivado de esta regresión es un caso especial del placer que, en general, proviene de retornar a la conducta infantil y de arrojar por la borda las restricciones de la vida adulta. La segunda, es la consecuencia de la liberación o escape de impulsos (instintos) que, de otro modo, hubieran sido dominados o prohibidos. De las dos, la última es la fuente más importante, mientras que la primera es esencial para alcanzar el efecto que denominamos chistoso.

Freud explica la risa y el placer, que acompañan al chiste, sobre la base de la descarga de energía psíquica. La sustitución del proceso secundario por el primario es, en sí misma, fuente de ahorro de energía psíquica que queda, entonces, disponible para su descarga bajo la forma de risa. Pero, aún queda disponible una cantidad mucho mayor de energía psíquica, merced a la derogación temporaria de las defensas del Yo, como resultado de la cual los impulsos, otrora prohibidos, quedan por un momento liberados. Freud sugirió, que es específicamente la energía que por lo común el Yo gasta como contracatexia frente a esos impulsos la que, de súbito y en forma temporaria, se libera en el chiste y queda disponible entonces para su descarga en la risa.

Los chistes obscenos o ‘chistes verdes’ tienden a la acentuación intencionada de hechos o circunstancias sexuales. Parte de su gracia se debe a que, el chiste obsceno, va dirigido a una persona determinada, que nos excita sexualmente y que, por medio del chiste, se da cuenta de la excitación del que lo profiere, quedando, en unos casos, contagiada y, en otros, avergonzada o confusa, cosa que no excluye la excitación sexual, sino que supone una reacción contra la misma y constituye una indirecta confesión.

El chiste obsceno se dirigiría pues, originariamente, a una mujer y supondría un intento de seducción. Cuando después, un hombre lo refiere a otros, la situación primitiva, queda con ello representada. Los que ríen de un chiste obsceno, ríen como espectadores de una agresión sexual. El chiste verde es, también, como el desnudamiento de la persona de diferente sexo a la cual va dirigido. Si esta accede rápidamente a la insinuación, el discurso obsceno es sustituido por el coito; si no accede, la oración excitante encuentra su fin, convirtiéndose en chiste obsceno. La resistencia es la primera condición para la génesis del chiste obsceno.

La educación reprime en el Ser humano, desde la infancia, no solamente los impulsos sexuales, sino también los agresivos u hostiles, y el chiste, mediante la burla y el ridículo, es una manera de expresarlos. Con el chiste, a veces se insulta bajo una apariencia graciosa y otras, es la única arma contra un obstáculo exterior (el respeto a un superior o alguien que lo inspire) o un obstáculo interior (una represión).

Los chistes cínicos son los que encubren una agresión contra instituciones, personas representativas de las mismas, preceptos morales o religiosos, ideas, etc., que, por gozar de elevada consideración, sólo bajo la máscara del chiste nos animamos a atacar.

La persona que forma el chiste no ríe como el que escucha, porque en él la posibilidad de descarga está disminuida por el trabajo de elaboración, que ha exigido un gasto de energía. Las personas que hacen chistes tienen posibilidad de remover las censuras que se oponen a la exteriorización de sus impulsos reprimidos.

Existen similitudes entre los actos fallidos y el chiste. En ambos casos, hay una emergencia momentánea de las tendencias de otro modo inconscientes y, en ambos, el pensamiento de proceso primario desempeña en forma característica un papel importante o esencial. No obstante, en el caso de los actos fallidos, la salida de una tendencia inconsciente se debe a la incapacidad temporaria del Yo de dominarla o de integrarla en su forma normal con las otras tendencias psíquicas en acción en ese momento en la mente. Un acto fallido se produce a pesar del Yo. En el caso del chiste, el Yo produce o permite, en forma voluntaria, una regresión parcial temporaria al proceso primario y así estimula una derogación provisional de las actividades defensivas, que permite la emergencia de ciertos impulsos, de otra manera inconscientes. Otra diferencia podría ser, que una tendencia inconsciente de aparición temporaria en un acto fallido puede provenir del Ello, del Yo o del Superyó; mientras que en el chiste dicha emergencia es habitualmente un derivado del Ello.

De otra parte, los procesos empleados en la técnica del chiste (condensación, desplazamiento, etc.) muestran amplia coincidencia con los procesos de la elaboración de los sueños. Recordemos las tres etapas de la elaboración de los sueños: el paso de los restos diurnos preconscientes a lo inconsciente, la elaboración del sueño propiamente dicho en el inconsciente y la marcha del material onírico elaborado a la percepción (burlando la censura), en la cual el sueño se hace consciente.

La utilidad del chiste va más allá de la producción de placer. Es un factor de poder psíquico, cuya intervención puede ser decisiva. Los grandes instintos y tendencias anímicas lo toman a su servicio para alcanzar a sus fines.

            Doy, enseguida, unos ejemplos de chistes:

-¿Cómo anda Ud.?, preguntó el ciego a un paralítico. Como Ud. ve, respondió el paralítico al ciego.

-Un médico que acaba de examinar a una señora, dice al marido de la enferma: “No me gusta nada”, y el marido confirma: “Hace tiempo que a mí tampoco”.

(Es un chiste por doble sentido.)

-Un intermediario presenta a su cliente la muchacha que le ha escogido para novia. Desagradablemente impresionado, el joven dice a su gestor: “¿Para qué me ha traído Ud. aquí? Es fea, vieja, bizca, desdentada y. . .” “Puede Ud. hablar alto -interrumpe el agente-; también es sorda”.

(Es un chiste por superación.)

-Un rey recorre sus estados. Ve a un herrero que se le parece mucho y le pregunta: “¿Recuerda Ud. si su madre sirvió en palacio?” A lo que el interpelado responde rápidamente: “No, pero mi padre sí”.

(Es un chiste por alusión. La alusión fue considerada por Freud como la más corriente y manejable de todos los medios del chiste.)

-Un judío ve en la barba de otro, restos de comida. “¿A que adivino lo que has comido ayer?” “Dilo.” “Lentejas.” “Has perdido -le responde el segundo-, eso fue anteayer.”

(Es un chiste por superación.)

-Una persona enfadada con la otra, le pregunta: “¿Sabe Ud. la diferencia entre la ignorancia y la indiferencia?” La otra, despreocupada, responde “No lo sé y no me importa”.

            Hay, también, chistes no tendenciosos (no orientados hacia lo sexual, ni lo agresivo), tienen su fin en sí mismo, como el absurdo o contradicciones con nuestro lógica y conocimientos.

-“¿Cómo baja un elefante cuando sube a un árbol?”. Ante la dificultad, se da la respuesta: “Se pone sobre una hoja y espera el otoño”.

-“¿Cómo se puede poner cinco elefantes en un carro Mazda?”. “Fácil, dos adelante y tres atrás”.

-“¿Por qué todos los bomberos tienen un cinturón de color rojo?”…”Para que su pantalón no se caiga”.

II.2. Lo cómico

Lo cómico está relacionado con el chiste. Lo cómico es algo que hallamos, primero, en las personas; en sus movimientos, actos, formas, etc., y más tarde, en los animales y en las cosas. Esta posibilidad da origen a técnicas muy variadas, cuyos resultados son: la parodia (imitación burlesca de una cosa seria), la imitación, la caricatura, la pantomima, etc.

Lo ingenuo (candor, sinceridad) es, en general, descubierto de igual modo que la comicidad. Es lo que se produce en otras personas, cuando dan la sensación de vencer una coerción que, en realidad, no existe en ellas. Un gasto de coerción efectuado habitualmente por nosotros, resulta de pronto superfluo por la presencia de la ingenuidad y es descargada en risa. En la ingenuidad, además, tomamos en cuenta el estado mental de la persona productora y nos trasportamos a él tratando de comprenderlo por medio de su comparación con el nuestro propio, comparación de la que resulta un ahorro de gasto que descargamos por medio de la risa. Por su índole, es lógico que lo ingenuo aparezca sobre todo en los niños y luego en los adultos poco cultivados.

Por ejemplo: Dos hermanos, una niña de diez años y un niño de doce, representan ante sus familiares una obra teatral de la cual son autores. El infantil drama cuenta, que el marido (el niño) es un pescador que parte en su barco hacia lejanos países. Vuelve varios años después y le relata a su mujer (la niña) sus aventuras y la mujer, orgullosa, le dice que tampoco ella ha estado ociosa y abriendo las puertas de su ‘cabaña’ le muestra doce niños (muñecos de la niña) como suyos.

Se puede añadir todos los cuentos sobre los Pastusos en Colombia.

De otra parte, reímos de los payasos, o de todo movimiento que nos sugiere un gasto desproporcionado de energías, porque comparando los movimientos de los demás con los que hubiéramos hecho nosotros en su lugar, tenemos la sensación de “nuestro ahorro de energías”, y la expresión de un placiente sentimiento de superioridad. Cuando la proporción se hace inversa, cuando el gasto somático de la persona observada se nos muestra menor que el nuestro, entonces ya no reímos, sino que experimentamos asombro o admiración.

Se puede hacer surgir artificialmente lo cómico mediante el fingimiento, la imitación, la caricatura, la parodia.

Las fuentes del placer del chiste residen en lo inconsciente; en cambio, las de la comicidad hay que ubicarlas en la comparación de dos gastos de energía, localizables en lo preconsciente. Así como el chiste provoca un placer derivado del gasto de coerción ahorrado; el placer que provoca lo cómico depende del gasto de representación ahorrado.

II.3. El humor

Según Freud (1928), el humor es un medio para conseguir placer, a pesar de los afectos dolorosos que a ellos se oponen, y aparece en sustitución de los mismos. Por lo tanto, el placer del humor surge a costa del afecto cohibido, esto es, del ahorro de un gasto de afecto.

El humor comprende numerosas especies, y cada una de ellas corresponde a la naturaleza de la emoción cohibida. Por ejemplo, si la emoción ahorrada es la compasión, puede dar origen a un rasgo de humor como el siguiente: “¿Qué día es hoy?”, preguntó un condenado a muerte mientras lo conducían a la horca. “Lunes”, le dijeron, a lo que respondió: “¡Vaya; buen principio de la semana! En este caso, reiríamos o sonreiríamos, a pesar de que la situación en que se encuentra un semejante debiera causarnos compasión. Pero, esta compasión queda anulada en nosotros al comprender que al propio interesado no le preocupa mayormente su propio fin, y a consecuencia, el gasto que estábamos dispuestos a dedicar a la compasión, resulta de pronto, inútil y es descargado en risa o en sonrisa. La compasión ahorrada es una de las más generosas fuentes del placer humorístico.

Resumiendo: el placer del chiste surge del gasto de coerción ahorrado; el de la comicidad, del gasto de representación ahorrado; y el del humor, del gasto de sentimiento ahorrado.

De otra parte, en el humor triunfa el narcisismo. La persona rehúsa dejarse ofender y sufrir a pesar de la realidad dolorosa. En estas situaciones es el super-Yo quien por medio del humor consuela al Yo. Las personas con mayor idealización de su super-Yo (ideal del yo) pueden hasta burlarse de sí-mismos (de su Yo). Esto demuestra la complejidad del funcionamiento mental en el ser humano.

En sus estudios sobre la génesis del chiste, Freud vio reafirmadas sus teorías sobre lo inconsciente, sobre la represión y sobre la existencia de tendencias instintivas que utilizan formas disfrazadas para manifestarse. Asimismo, fue dando más valor a los instintos hostiles (agresivos); y formuló la teoría del ahorro de energías psíquicas, como fuente de placer, con lo cual quedó claramente indicada su concepción del hombre como un ser integrado por energías.

III. BIBLIOGRAFIA

Freud. S. (1904). Psicopatología de la vida cotidiana. En: Obras Completas de Sigmund Freud Tomo I. p.755-932. Ed. Biblioteca Nueva, Cuarta Edición, 1981, Madrid.

Freud S. (1905) El chiste y su relación con el inconsciente. En: Obras Completas de Sigmund Freud Tomo I. p. 1029-1167. Ed. Biblioteca Nueva, Cuarta Edición, 1981, Madrid.

Freud S. (1915). Los actos fallidos. Lecciones introductorias al psicoanálisis. En: Obras Completas de Sigmund Freud Tomo II. p.2131-2167. Ed. Biblioteca Nueva, Cuarta Edición, 1981, Madrid.

Freud S. (1928) El humor. En: Obras Completas de Sigmund Freud Tomo III. p. 2997-3000. Ed. Biblioteca Nueva, Cuarta Edición, 1981, Madrid.