PSICOANÁLISIS APLICADO a la literatura

PSICOANÁLISIS APLICADO  A LITERATURA

Fisher (1990). El caballero con armadura oxidada. Ed. Obelisco, Barcelona, 27a edición, 1998.

Por Dr. Ismail YILDIZ, Médico Psicoanalista online, Docente de Psicoanálisis y supervisor, Bogotá, Colombia.
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Para saber más sobre quién soy y qué hago

 

1. El dilema del caballero.

2.  En los bosques de Merlín.

3. El sendero de la verdad.

4. El Castillo del Silencio.

5. El Castillo del Conocimiento.

6. El Castillo de la Voluntad y la Osadía

7. La cima de la Verdad.

Trabajo preparado para ser presentado el 31 de octubre de 2000 en el seminario “Aplicaciones del Psicoanálisis” del Instituto de la Asociación Psicoanalítica Colombiana.

Es un cuento fantástico, poético, escrito para adultos que enseña que debemos liberarnos de las barreras que nos impiden conocernos y amarnos a nosotros mismos para poder ser capaces de dar y recibir amor.

Aplicaré mi actual visión psicoanalítica para aclarar, interpretar o disentir de las “verdades” del autor. Considero este trabajo como una introducción y no como un trabajo culminado. Las opiniones de los participantes al seminario enriquecerán la comprensión de esta fantasía.

La fantasía tiene 7 capítulos que parecen ser como siete etapas en el viaje del caballero, o siete etapas simbólicas en el sendero de la vida.

  1. El dilema del caballero.

El primer párrafo anuncia el carácter fantástico del cuento:

“Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso…Luchaba contra sus enemigos, que eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba damiselas en apuros. Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas.”

El segundo párrafo amplía la personalidad del caballero: “Nuestro caballero era famoso por su armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la gente del pueblo juraba haber visto el sol salir en el norte o ponerse en el este cuando el caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con bastante frecuencia. Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección. Su entusiasmo era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil.”

El caballero tiene una disociación total entre el objeto bueno y el objeto malo, se considera totalmente bueno y a sus enemigos totalmente malos. Se siente tan omnipotente y bueno que se adjudica la tarea y el deber de rescatar aún las damiselas que no quieren ser rescatadas. Este recuerda los fanáticos religiosos que quieren salvar el alma de las personas hasta contra la voluntad de ellas mismas, y a veces contra la vida de las mismas personas (Inquisición). Se puede asimilar también el furor curandis de los terapeutas a esta actitud del caballero.

El caballero vivía principalmente para luchar contra sus enemigos visibles e invisibles (dragones). Sus necesidades de pelear y luchar eran tan intensas que cabalgaba en cualquier dirección o hacía varias direcciones a la vez; es decir que su yo se disociaba en varias partes. Se puede comparar todo lo anterior con un estado esquizo-paranoide con la disociación de los objetos y de sí mismo (o del yo) no solamente en bueno y malo, sino en muchas partes malas muy fragmentadas (correr hacía varias direcciones a la vez). Porque para algunas personas no se estructura ni siquiera un objeto parcial bueno (o el objeto parcial bueno se reprime o se disocia como ocurre con la imago parental idealizada en personalidades con trastornos narcisista de la personalidad y de conducta), sino los objetos se fragmentan en sus formas malas con características malas diferentes.

El caballero es sin duda una persona muy carismática o mesiánica sobre todo cuando pone su armadura (o su máscara, el término persona viene de la máscara) (como el padre de Schreber, Hitler) porque las gentes quedaban como hipnotizadas, desorientadas y hasta con ilusión de un milagro (el sol cambia de dirección).

El tercer párrafo introduce la insatisfacción profunda y el vació interno del caballero y sus esfuerzos para compensar esos sufrimientos. “Durante años, el caballero se esforzó en ser el número uno del reino. Siempre había otra batalla que ganar, otro dragón que matar u otra damisela que rescatar.” Lo anterior refleja la no integración del self grandioso arcaico en el yo-realidad, o en la identidad del caballero, que necesita todo el tiempo defenderse de este vacío y compensar parcialmente su baja autoestima con éxitos externos, con trofeos. Pero sus éxitos, aunque sean aceptados socialmente por su pueblo obnubilado, son destructivos para otros pueblos y para damiselas de su propio pueblo que no quieren ser recatadas. Se puede considerar también sus éxitos como perversiones destructivas (definición de una perversión) y demostración de su falta de empatía con los otros (los diferentes a sí mismo o a su género o a su pueblo), que se debe a la expresión del self grandioso arcaico no integrado (yo ideal arcaico o narcisismo primario) que es perverso, omnipotente y omnisciente.

“El caballero tenía una mujer fiel y bastante tolerante, Julieta, que escribía poemas, decía cosas inteligentes y tenía debilidad por el vino. También tenía un joven hijo, Cristóbal, al que esperaba ver, algún día, convertido en un valiente caballero.”

Julieta y Cristóbal veían poco al caballero porque cuando no estaba luchando…, estaba ocupado probándose su armadura y admirando su brillo. Con el tiempo, el caballero se enamoró hasta tal punto de su armadura que se la empezó a poner para cenar y, a menudo, para dormir. Después de un tiempo, ya no se tomaba la molestia de quitársela para nada. Poco a poco, su familia fue olvidando qué aspecto tenía sin ella.”

Cuando paraba en casa y no estaba absolutamente pendiente de su armadura, el caballero solía recitar monólogos sobre sus hazañas. Julieta y Cristóbal casi nunca podían decir una palabra. Cuando lo hacían, el caballero los acallaba, ya sea cerrando su visera o quedándose repentinamente dormido.”

No conocemos por ahora los antecedentes del caballero, ni la evolución de sus relaciones de pareja conyugal, pero debemos aceptar que ella aceptó o se enamoró de la personalidad anterior del caballero, y tuvieron un hijo. Es probable que ella jugó algún papel en el retraimiento del caballero, en su introversión creciente y en la utilización cada vez más defensiva de su armadura. La armadura era para defenderse de ataques durante las “batallas”, se volvió con el tiempo un instrumento de aislamiento afectivo de sus seres queridos, su esposa y su hijo. El hecho de que la esposa tenía una debilidad al vino ya puede ser la expresión de la dificultad de comunicación de la pareja y de la insatisfacción de ella, consigo misma y probablemente con su pareja. Con el tiempo, el caballero se enamoró de su armadura, o sea de su imagen externa como pasó con Narciso, porque Narciso no se enamoró de sí mismo sino de la imagen que tenía de sí mismo. En el mito, Narciso se enamora de su imagen en el agua (espejo), pero para nosotros el narcisista está enamorado de la representación mental de sí mismo arcaico, y no de sí mismo real o maduro.

La introversión y la megalomanía del caballero aumentó hasta tal punto que hablaba solo, entrando en un estado casi psicótico. Llegó a rechazar totalmente los intentos de comunicación de su esposa y de su hijo (autismo) cerrando su visera o quedándose repentinamente dormido.

La esposa le reprocha su egoísmo, su falta de amor y su autoadmiración, pero el caballero le recuerda que la rescató de un dragón y la instaló en su elegante castillo como prueba de su amor. La esposa le dice que él amaba la idea de rescatarla y no a ella y realmente no la ama, y le exige quitar la armadura para ver quién es en realidad. El caballero rechaza quitar su armadura por su necesidad de estar preparado para ir en cualquier momento a la batalla. Julieta entonces amenaza con irse junto con el hijo. Finalmente, el caballero decide quitar su armadura para no perder su esposa y su hijo, pero no consigue quitarla. El caballero, aceptando que está atrapado en su armadura, pide ayuda al herrero, pero tampoco pudo quitarla.

El caballero cuenta a su esposa su decisión de quitar su armadura, y lo que intentaron con el herrero, pero su esposa no le cree, y le trata de bestia ruidosa y le manda el plato sobre su yelmo.

Intentaron quitar la armadura con el herrero durante días, sin éxito. Cada día el caballero se deprimía más y Julieta estaba más fría. Finalmente, Julieta le anuncia su decisión de no prepararle más comida ni servirle a través de agujeros de su armadura. El caballero trata de explicar su situación a su esposa diciendo que no es su culpa, tenía que llevar la armadura para estar siempre listo para la batalla, y así ha podido comprar castillos y caballos para ella y para Cristóbal. Julieta le responde que no lo hacía para ellos sino para sí mismo. Al caballero le dolió en el alma que su mujer pareciera no amarlo más. Y también temía que Julieta y Cristóbal realmente se marcharan. Tenía que quitarse la armadura, pero no sabía cómo. Incapaz de encontrar ayuda en su propio reino, decidió buscar en otras tierras. Desde luego, echaría de menos a Julieta, Cristóbal, y el elegante castillo. Temía también que, en su ausencia, Julieta encontrará el amor en brazos de otro caballero sin armadura puesta todo el tiempo.

Hasta aquí se manifiesta la no comprensión del dolor que provoca en los otros el aislamiento afectivo, porque el caballero decide quitar su armadura no por convicción o por deseo de relacionarse sino por temor de perder a su esposa y a su hijo (temor narcisista). También se manifiesta la incredulidad, la frialdad y la no empatía de la esposa ante el anuncio del caballero de quitar su armadura y sus intentos de justificar y explicar porque había necesitado la armadura.

Se muestra también la fusión de la madre con el hijo, y el temor del padre que se vayan juntos (relación incestuosa), y sus celos por la idea que Julieta encuentre otro hombre.

El bufón del reino le aconseja buscar al Mago Merlín para que le ayuda a quitar su armadura y “a sacar a luz su yo verdadero”. El caballero dice que no es posible porque ese gran sabio y el Rey Arturo vivieron hace muchos años. El bufón le dice que aún vive ahora en los bosques y, ante el reclamo de la dificultad de encontrarle, le dice “Aunque muy difícil ahora os parece, cuando el alumno está preparado, el maestro aparece.”

Para despedirse, casi tritura los dedos del bufón con el guantelete, y ante el grito del bufón, el caballero pide disculpas. Y el bufón le dice “Cuando la armadura desaparezca y estéis bien, sentiréis el dolor de los otros también.”

El caballero abrigando nuevas esperanzas en su corazón se aleja galopando para buscar a Merlín en un bosque muy extenso.

El bufón le manda en el bosque (lo desconocido, la confusión, la naturaleza, la incertidumbre, la complejidad), en la irrealidad, en el mundo de los sueños y de magia. También es un viaje a través del tiempo, una regresión temporal. Es también una regresión tópica, de lo consciente hacía lo inconsciente.

  1. En los bosques de Merlín.

Como había muchos bosques, el caballero cabalgó día tras día, noche tras noche, buscando a Merlín, debilitándose cada vez más. Se dio cuenta que había muchas cosas en el bosque que no sabía, era muy difícil alimentarse y tomar agua, además estaba totalmente perdido en el bosque.

Después de meses de búsqueda y ya desesperado, encontró a Merlín.

“Los animales del bosque estaban reunidos a su alrededor, y los pájaros descansaban en sus hombros y brazos.”

-Os he estado buscando -le dijo al mago-. He estado perdido durante meses.

-Toda vuestra vida -lo corrigió Merlín,…

El caballero se enfureció.

-No he venido hasta aquí para ser insultado.

-Quizá siempre os habéis tomado la verdad como un insulto -dijo Merlín, …

El caballero, demasiado débil de hambre y sed, dejó caer su cuerpo envuelto en metal sobre la hierba. Merlín le miró con compasión.

-Sois muy afortunado -comentó-. Estáis demasiado débil para correr.

-¿Y eso qué quiere decir? -preguntó con brusquedad el caballero.

Merlín sonrió por respuesta.

-Una persona no puede correr y aprender a la vez. Debe permanecer en un lugar durante cierto tiempo.

-Sólo me quedaré aquí el tiempo necesario para aprender cómo salir de esta armadura -dijo el caballero.

-Cuando hayáis aprendido eso -afirmó Merlín-, nunca más tendréis que subir a vuestro caballo y partir en todas direcciones.

Se puede considerar que el caballero está confuso y desorientado en el bosque. Busca una solución rápida y mágica a su problema, pero el mago lo rechaza y le interpreta de una vez su verdad, que había estado perdido toda su vida. Esa verdad le pareció como un insulto al caballero. Podemos considerar desde el punto de vista de psicoanálisis que es una interpretación sin timing ni dosificación que se vuelve traumática para el paciente. La metodología que utiliza el autor no es de la del psicoanálisis, sino parece más a la del Budismo Zen. Efectivamente, el mago le pide calmarse, no correr todo el tiempo si quiere aprender algo (¿contemplación?).

El caballero, agotado, durmió. Cuando se despertó, Merlín le ofreció una copa que contenía un extraño líquido. El caballero, receloso, preguntó lo que era.

-¡Estáis tan asustado! -dijo Merlín-. Por supuesto, por eso os pusisteis la armadura desde el principio.

Aquí se explica el origen psicológico de los mecanismos de defensas (y de adaptación) que se debe al miedo y a la angustia del infante o del niño indefenso ante los peligros internos y externos.

Finalmente, el caballero que tenía mucha sed y bebió el líquido.

“Los primeros sorbos le parecieron amargos, los siguientes más agradables, y los últimos tragos fueron bastante deliciosos.

-¿Qué es?- preguntó el caballero.

-Vida….

-¿Estáis diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta?-preguntó el caballero.

– ¿Acaso no es así? replicó Merlín,…

-¿Esperáis que acepte toda esta pesada armadura?

-…no nacisteis con esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. ¿Os habéis preguntado por qué?

-¿Y por qué no?- replico el caballero, irritado. En ese momento, le estaba empezando a doler la cabeza. No estaba acostumbrado a pensar de esa manera.

Este cuento fantástico parece más una fábula porque está señalando supuestas verdades universales como el ejemplo de “la vida es buena cuando uno la acepta”. Además, el mago culpa más al caballero, como el pecado original, diciéndole que él mismo puso su armadura. Mientras que el psicoanálisis tiene más compasión con el ser humano, y considera todos los mecanismos de defensas y síntomas como resultado de mecanismos inconscientes.

Seguramente existen cefaleas de origen psicosomático ante la dificultad de pensar y de comprenderse similar a lo que ocurrió al caballero.

Después, por orden de Merlín, las ardillas, las liebres, los ciervos le dieron comida al caballero atrapado en su armadura. Merlín le dio también el líquido de Vida muchas veces y el caballero se fue fortaleciendo, y comenzó a sentirse esperanzado.

Se puede considerar lo anterior como una terapia de apoyo como una hospitalización o como las intervenciones de apoyo en situaciones de debilitamiento del Yo de un paciente.

Algún día el caballero preguntó a Merlín cómo podía seguir vivo tanto tiempo.

“-Pasado, presente y futuro son uno cuando estás conectado a la Fuente- replicó Merlín.

-¿Qué es la Fuente? preguntó el caballero.

-Es el poder misterioso e invisible que es el origen de todo.

-No entiendo- dijo el caballero.

-Eso se debe a que intentáis comprender con la mente, pero vuestra mente es limitada.

-Tengo una mente muy buena- le discutió el caballero.

-E inteligente- añadió Merlín-. Ella te atrapó en esa armadura.”

El autor define la Fuente como el poder misterioso y el origen de todo, que da vida muy larga o eterna como a Merlín. Esto puede considerarse una llamada a la religiosidad, un conectarse con el misterio, con la Fuente. También puede considerarse como una conexión con lo inconsciente donde pasado, presente y futuro es uno, y es diferente de la mente consciente.

El caballero explicó a Merlín que había puesto su armadura para demostrar que era un caballero bueno, generoso y amoroso. Y Merlín le preguntó si realmente era bueno, generoso y amoroso, y porqué tenía que demostrarlo. El caballero se quedó dormido ante esta pregunta. Pero al día siguiente se despertó con dudas sobre su bondad, generosidad y su amor. Le preguntó a Merlín si ésto era posible. Merlín le pidió que el mismo lo pensara. Más tarde hizo la misma pregunta a voz alta a sí mismo y una ardilla le dijo que sí que era malo, porque estaba sentado sobre ella. Después el caballero se extrañó que hablaba con una ardilla. Ardilla le explicó que antes ella le hablaba también, pero él no escuchaba. El caballero preguntó entonces porqué ahora podía oírle y antes no. Ardilla le dijo que él nunca aceptaba nada tal cual como es, sino porqué es.

Pienso que es una crítica a la indagación de la civilización occidental, de querer comprender todo con su intelecto y rechazar lo que no entiende con la razón, como el rechazo del misterio del universo. La misma civilización de la razón intentó e intenta definir hasta a su ser con el pensamiento después de aceptar lo que había dicho Descartes “Je pense donc je suis” o “pienso luego existo”. Efectivamente, el autor dice que la mente está limitada y que es la causa de su atrapamiento, hay que aceptar las cosas como son, aunque no se entienda el porqué.

Aunque la filosofía tradicional y la psicología intentaron definir el ser humano como un ser racional, pero el psicoanálisis descubrió que tiene también grandes partes irracionales o inconscientes. Además, actualmente sabemos que la gran parte de la identidad, el self o la personalidad de un individuo está formada por componentes inconscientes, no verbalizables, tal vez no pensables. Además, el ser humano existe, aunque no esté pensando.

Más tarde, el caballero preocupado pidió a Merlín salir del bosque porque hablaba con ardillas. Ésto le pareció esplendido a Merlín y explicó al caballero que se estaba volviendo lo suficientemente sensible para sentir las vibraciones de otros. Ante la confusión del caballero, Merlín le explicó que él no había hablado con la ardilla con palabras, sino que había sentido sus vibraciones, y había traducido esas vibraciones en palabras. Y añadió que estaba esperando el día en que empezara a hablar con las flores.

Me parece que es una invitación a unirse con la naturaleza, identificarse con ella, y en lo último a cierto animismo (y panteísmo). Pero, de otra parte, en todos partes del mundo, más en oriente que en occidente, los poetas hablan con las flores, los animales o las cosas inanimadas (como los niños pequeños lo vivencian realmente) utilizando su identificación proyectiva, y nos deleitan con un placer estético con sus productos artísticos (creación espiritual del ser humano para placer espiritual del artista y de la humanidad).

Ante el deseo del mago de que él hablara también con las flores, el caballero se ofende y se desespera, y quiere salir del bosque para volver a cuidar a Julieta y a Cristóbal. Pero Merlín le dijo que él ofrecía su cuidado sin saber si su esposa y su hijo querían este cuidado. Entonces el caballero entró en dudas sobre si su esposa y su hijo querían de su cuidado. El caballero lo preguntó a su hijo en una carta que mandaron con una paloma. Después de una semana de espera, la paloma volvió con una hoja en blanco, y Merlín interpretó que como su hijo no lo conocía suficiente no había dado una respuesta. “El caballero permaneció quieto un momento, pasmado, luego lanzó un gemido y lentamente cayó al suelo. Intentó retener las lágrimas, pues los caballeros de brillante armadura simplemente no lloran. Sin embargo, pronto su pena le venció. Luego, exhausto y medio ahogado en su yelmo por las lágrimas, el caballero se quedó dormido.

El caballero creía ser indispensable para su esposa y sobre todo para su hijo, pero resultó incierto. La gran pérdida (herida) narcisista conmovió al caballero con armadura. A pesar de sus defensas rígidas (coraza caracterial) y la represión de sus afectos, el caballero lloró con muchas lágrimas. Consideré la pérdida o la posibilidad de pérdida de su esposa y sobre todo la de su hijo como narcisista porque esperaba que su hijo fuera un caballero como él, a su imagen y semejanza.

 

  1. El sendero de la verdad.

El caballero pidió disculpas a Merlín al día siguiente por haber llorado y por no haber actuado como un caballero. Merlín le dijo que acaba de dar el primer paso para liberarse de su armadura, y es por ésto que era ya tiempo que se fuera. Esto molestó al caballero, porque estaba empezando a disfrutar de estar en el bosque con Merlín y los animales. Además, no sabía adónde ir. Merlín le recordó su nuevo propósito de liberarse de su armadura. Al caballero ya no le parecía que luchar pudiese tener sentido considerando que a Julieta y a Cristóbal les parecían dar igual si él se quitara o no la armadura. Entonces Merlín le sugirió que se quitara la armadura para él mismo ya que le había creado muchos problemas, y le preguntó “¿Y cuándo fue la última vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor, o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros?”. El caballero ya ni se acordaba, y decidió que tenía que liberarse de la armadura para él mismo.

Se puede considerar que nuestros mecanismos de defensas habituales o circunstanciales intervienen siempre en nuestras comunicaciones y su profundidad, o en nuestras incomunicaciones no solamente con otras personas sino también con la naturaleza y con todos los tipos de creación cultural y artísticas.

Entonces, Merlín condujo al caballero hacia un sendero diciéndole que él había llegado por este sendero y que podía regresar de nuevo si lo deseaba pero que le llevaría a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia. El mago señaló hacia otro sendero que era más estrecho que el primero y muy empinado.

-Parece una escalada difícil -observó el caballero.

-Ése -dijo Merlín asintiendo- es el Sendero de la Verdad. Se vuelve más empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña.

El caballero dudó si valía la pena o no. Si regresaba por el mismo sendero no tenía esperanza de quitar su armadura y, probablemente, moriría de soledad y fatiga. La única manera de quitarse la armadura era, por lo visto, seguir el Sendero de la Verdad, aunque pudiese morir intentando trepar hacia la empinada montaña. Y decidió probar el Sendero de la Verdad. La Ardilla y la Paloma decidieron acompañarlo, una para darle la comida y otra para guiarle porque conocía el camino.

Cuando empezaron a caminar por el sendero, el mago sacó una exquisita llave dorada de su cuello y se la dio al caballero y dijo “Esta llave abrirá las puertas de los tres castillos que bloquearán vuestro camino…El primer castillo se llama Silencio; el segundo Conocimiento y el tercero Voluntad y Osadía. Una vez hayáis entrado en ellos, encontraréis la salida sólo cuando hayáis aprendido lo que habéis ido aprender.”

-¿Por qué no puedo simplemente rodear los castillos? -preguntó malhumorado.

-Si lo hacéis, os extraviaréis del sendero y seguramente os perderéis. La única manera de llegar a la cima de la montaña es atravesando los castillos -dijo Merlín firmemente.”

El caballero presintió que este viaje sería mucho más difícil que una cruzada. Merlín, sabiendo lo que el caballero pensaba, le dijo que era cierto, que es una batalla diferente la que tendrá que librar en el Sendero de la Verdad, y que la lucha será aprender a amarse, y por esto necesita empezar aprender a conocerse. Además, añadió que esta batalla no se puede ganar con el caballo ni la espada, así que tendría que dejarlos. Merlín añadió que podía llamarle cuando le necesitara y desapareció. El caballero quedó asombrado.

Según el autor, la lucha en el Sendero de la Verdad es aprender a conocerse para poder amarse. Narciso ama a su imagen y no a sí mismo porque no se conoce a sí mismo. Si se conociera, si conociera el destino del ser humano, amaría al otro, porque el ser humano está “creado”, predeterminado para amar al otro durante su camino en el sendero de la vida. Además, todo indica que existen pulsiones de vincularse afectivamente, aparte de pulsiones de hambre y sexuales (Bowlby).

Enseguida partieron con Ardilla al frente y, detrás, el caballero con Paloma sobre su hombro. Después de unas horas, el caballero se derrumbó, exhausto y dolorido. No estaba acostumbrado a viajar sin caballo y con la armadura puesta. Como era casi de noche decidieron parar para comer y dormir.

A la mañana siguiente lo despertó el sol cayendo sobre sus ojos. La luminosidad le molestaba. Su visera nunca había dejado pasar tanta luz. De repente, se dio cuenta de que podía ver mucho más que el día anterior, y que podía sentir la fresca brisa en sus mejillas. ¡Una parte de su visera se había roto y se había caído! Ardilla y Paloma le explicaron que esa parte de su armadura se había oxidado y caído. Se había oxidado por las lágrimas que el caballero había derramado después de ver la carta en blanco de su hijo.

El caballero meditó y se dio cuenta que la pena que había sentido era tan profunda que su armadura no había podido protegerle, y también entendió que las lágrimas de auténticos sentimientos le liberarán de la armadura. El caballero muy animado, continuó la ascensión de la montaña. Era un día muy especial para el caballero. Notó las diminutas partículas iluminadas por el sol que flotaban en el aire. Miró con detenimiento las caras de algunos petirrojos y vio que no eran todas iguales. Paloma le explicó que estaba empezando a ver las diferencias en otras formas de vida porque estaba empezando a ver las diferencias en su interior. El caballero no entendió lo que quería decir Paloma, pero no preguntó por ser demasiado orgulloso y considerando que un caballero tenía que ser más listo que un pájaro.

Como dice Paloma, un psicoanalista puede solamente empatizar o “ver” las diferencias en el mundo interno de sus pacientes si es capaz de ver las diferencias en su propio mundo interno.

Alcanzaron a ver de lo lejos el Castillo del Silencio que bloqueaba el sendero por completo. El caballero estaba decepcionado porque esperaba una estructura más elegante, en lugar de eso, el Castillo del Silencio parecía uno más. Paloma rio y dijo:

“-cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones.”

Aquí podemos traer el paralelismo de “sin memoria, sin deseo, sin querer comprender” de Bion. Y podemos añadir sin expectativas y sin prejuicio para una mejor comunicación con el paciente.

El caballero asintió ante la sabiduría de estas palabras y pensó que había pasado casi toda su vida decepcionándose. Recordó que, estando en la cuna, pensaba que era el bebé más bonito del mundo, entonces su niñera le miró y dijo que tenía una cara que sólo una madre podría amar. Se sintió decepcionado por ser feo en lugar de hermoso, y le decepcionó que la niñera fuera tan poco amable.

-Si realmente os hubierais sentido hermoso, no os hubiera importado lo que ella dijo. No os hubierais sentido decepcionado – explicó Ardilla.

El caballero se dio cuenta de su decepción ante el hecho de que Ardilla y Paloma no quisieran acompañarle al interior del Castillo del Silencio.

Aquí se manifiesta la divergencia con el enfoque psicoanalítico. La niñera rechazó la expresión del self grandioso del bebé. Podemos inferir que ni la madre y ni el padre del infante no fueron capaces de suplir la falta de especularidad de la niñera y ni fueron capaces de compensar más tarde por la creación de estructuras compensatorias suficientes. Así, el infante buscó un equilibrio con la utilización de estructuras defensivas haciéndose caballero y más tarde construyendo una armadura afectiva permanente, cubriendo totalmente con un falso self (Winnicott) a sí mismo, a su ser, a su identidad o a su humanidad. Se volvió como la Bestia del cuento de hadas de la “Bella y Bestia”. En este último cuento, el príncipe había perdido su humanidad, su corazón se había vuelto insensible a la petición de ayuda de una anciana. Con su mala crianza y arrogancia ya se había vuelto como una bestia, incapaz de amar, antes que la bruja le transformara materialmente en Bestia. Seguiría siendo una bestia hasta que aprenda a amar y se hace amar por la bondad de su corazón aún con una cara de bestia.

  1. El Castillo del Silencio.

El caballero entró con miedo en el Castillo del Silencio. “Por un momento deseo no haber dejado atrás su espada, pero Merlín le había prometido que no tendría que matar dragones, y el caballero confiaba plenamente en el mago.”

Aquí se manifiesta la confianza básica del caballero-paciente y su idealización del mago-analista para arriesgarse a una regresión.

En el castillo parecía no haber ninguna puerta que le condujera fuera de la habitación y había un extraordinario y aterrador silencio. Pensó que jamás en su vida se había sentido tan solo.

Cierto tiempo después, apareció el Rey y le explicó que uno no puede ver realmente la puerta hasta que comprenda lo que hay en esta habitación. Ante la no comprensión del caballero de la presencia de su Rey en esta habitación porque le habían dicho que él estaba en una cruzada, el Rey le explicó que sus súbditos dicen siempre ésto cuando él viaja por el Sendero de la Verdad, porque todo el mundo entiende las cruzadas, pero muy pocos comprenden la Verdad. El rey explicó también que la mayoría de la gente estamos atrapadas en nuestra armadura poniendo barreras para protegernos de quienes creemos que somos, y luego quedamos atrapadas tras las barreras y ya no podemos salir. El caballero se extrañó que su rey, tan sabio, estuviera también atrapado. Su rey le explicó que él es suficientemente sabio como para saber cuándo está atrapado, y también para regresar aquí para aprender más de sí mismo.

En el psicoanálisis, sobre todo en la escuela de psicología del Yo, se considera necesario que un paciente tenga cierta sabiduría para empezar un psicoanálisis. De la misma manera, los psicoanalistas deben tener suficiente sabiduría, como el rey, para darse cuenta cuando están atrapados o reatrapados para retomar el análisis personal, o alguna supervisión.

El caballero se entusiasmó para transitar juntos con su rey el Castillo del Silencio, pero su rey le explicó que no era posible así ver la puerta de la salida, además le dijo que permanecer en silencio es algo más que no hablar, y que cuando uno está con alguien muestra sólo su mejor imagen, no deja caer sus barreras, de manera que las personas no pueden ver lo que intentan esconder. El caballero no entendió la explicación, y el rey le dijo que lo comprenderá cuando haya permanecido allí el tiempo suficiente. Y añadió que uno debe estar solo para poder dejar caer su armadura.

Este método es contradictorio con el método psicoanalítico que implica una relación bipersonal. Pero, podemos considerar que el psicoanálisis favorece la introspección, cierta contemplación de sí mismo y la capacidad de estar solo.

De otra parte, la presencia, muchas veces silenciosa, del otro (del analista) induce la transferencia que se vuelve resistencia. Entonces, el tratamiento de esas resistencias y luego de las transferencias se vuelven los procesos para “quitar” progresivamente la armadura del paciente (proceso psicoanalítico).

El caballero no entendía porque el rey estaba allí si había ya pasado por este sendero. El rey le dijo que uno nunca acaba de viajar por el Sendero de Verdad. Cada vez que viene, a medida que va comprendiendo cada vez más, encuentra nuevas puertas. No quiso dar consejos al caballero a pesar de su insistencia para salir del Castillo de Silencio. El rey se giró y estirando el brazo como para abrir una puerta, desapareció en la pared, dejando perplejo al caballero.

Aquí se ve la analogía con la actitud psicoanalítica de no dar consejos. El hecho de constatar que otro ser humano ya ha caminado y ascendido por un sendero puede dar animo al caballero como resultado de una transferencia gemelar de semejanza con el otro (Kohut).

El caballero angustiado empezó a caminar por toda la habitación. Después de un rato, se sentía más deprimido que nunca. Para animarse, cantó un par de canciones de batalla. Las cantó una y otra vez. A medida que su voz se fue cansando, la quietud le envolvió en un silencio más absoluto. Sólo entonces pudo el caballero admitir francamente algo que ya sabía: tenía miedo de estar solo.

Se puede considerar el canto del caballero como una actitud contafóbica de su miedo a estar solo. De la misma manera, a veces, una persona se llena de relaciones superficiales por su miedo de estar sola.

Una de las funciones principales de una madre suficientemente buena es enseñar a su infante a estar solo sin angustiarse. Considerando que un bebé normalmente no conoce el miedo, yo me pregunto si no podríamos considerar una madre suficientemente buena a una madre que simplemente no transmite a su infante su propia angustia a estar sola.

Cuando el caballero aceptó francamente su miedo a estar solo vio una puerta en la pared de la habitación. Pasó la puerta y se encontró en otra habitación también vacía de todo sonido. Para pasar el tiempo, el caballero comenzó a hablar consigo mismo. Se encontró diciéndose que había hablado tanto durante toda su vida para evitar sentirse solo. Y supuso que siempre había tenido miedo de estar solo. En ese momento otra puerta se hizo visible, la abrió y entró en una habitación aún más pequeña que la anterior. Se sentó en el suelo y continuó pensando. Al poco rato, le vino el pensamiento de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Y entonces apareció otra puerta que llevaba a una habitación aún más pequeña que las anteriores.

Aquí se puede destacar la valoración de los seres humanos por las sociedades de producción por lo que hacen y por lo que tienen los individuos en lugar de por lo que son (tener en lugar de ser, to be or not to be de Hamlet). Esas valoraciones determinadas por hacer y tener se manifiestan con más claridad en las personalidades con un falso self (Winnicott) y/o identificaciones adhesivas.

En esta habitación más pequeña, el caballero hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedó quieto y escuchó el silencio. Se dio cuenta de que, durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada. No había oído a Julieta cuando ella intentaba decirle cómo se sentía; especialmente cuando estaba triste. Le hacía recordar que él también estaba triste. Entre otras razones, había puesto la armadura para no oír la triste voz de Julieta. Julieta debía haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero; tan sola como él se sentía en esta lúgubre habitación. Su propio dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también. Durante años, la había obligado a vivir en un castillo de silencio. Se puso a llorar. Derramó muchas lágrimas. Y apareció otra puerta que le llevó en una habitación aún más pequeña donde podía apenas entrar. Y se preguntó en voz alta por qué las habitaciones eran cada vez más pequeñas.

“Una voz replicó:

-Porque os estáis acercando a vos mismo.

Sobresaltado, el caballero miró a su alrededor. Estaba solo, o eso había creído. ¿Quién había hablado?

– Tú has hablado -dijo la voz como respuesta a su pensamiento.

La voz parecía venir de dentro de sí mismo. ¿Era posible?

-Sí, es posible -respondió la voz-. soy tu yo verdadero.

-Pero si yo soy mi yo verdadero -protestó el caballero.”

La voz interior le dijo que con el montón de lata que tiene, si él es su verdadero yo, los dos tienen problemas. El caballero recordó que había vivido todos estos años sin oír ni una palabra de él, y preguntó por qué no le había hablado antes. El yo verdadero le dijo que había estado allí durante años, pero ésta es la primera vez que está lo suficientemente silencioso como para oírle.

Después el caballero se quedó dormido de cansancio. Cuando despertó, no sabía dónde estaba. Tan sólo era consciente de sí mismo. Cuando se despertó más se dio cuenta que ya no estaba en el Castillo del Silencio, estaba con Ardilla y Paloma, y sobre todo ya no tenía el yelmo. Se alegró mucho y se preguntó cómo era posible que en una noche se oxidará todo su yelmo. Paloma le dijo que había permanecido en el castillo no una noche sino durante mucho, muchísimo tiempo.

Con su incredulidad, el caballero pensó consultar con Merlín. Efectivamente, el mago apareció y le explicó que él había sentido su llamada porque es parte del caballero, y añadió que somos todos parte el uno del otro (¿panteísmo?). Explicó también al caballero que había podido comprender el dolor de Julieta porque es parte de ella, y que por primera vez había derramado lágrimas por otra persona.

El caballero le dijo a Merlín que se sentía orgulloso. El mago sonrió indulgente y le dijo que uno no debe sentirse orgulloso por ser humano, que él había nacido con corazón, y ahora lo estaba utilizando naturalmente. Merlín le explicó también que lo que oía era su yo verdadero y que no estaba enloqueciéndose. Simplemente estaba empezando a oír su yo verdadero, y que por esta razón el tiempo había transcurrido sin que él se diera cuenta. El caballero le dijo que no comprendía, y el mago le contestó que comprenderá cuando haya pasado por el Castillo del Conocimiento, y desapareció.

El caballero no quería escuchar la tristeza de su esposa porque le recordaba su propia tristeza que no quería sentir. Algo similar pasaría con los puntos ciegos de los analistas con sus pacientes: no alcanzarían empatizar con sus pacientes en las áreas de sus puntos no analizados (no sentidos), como las partes narcisistas y psicóticas. Según el autor, nos empatizamos porque somos parte de unos con otros. Podemos considerar que la identificación proyectiva e introyectiva transitorias realizan esos procesos entre las personas, o entre el analista y su paciente.

De otra parte, la vivencia subjetiva del tiempo cambia según las circunstancias de cada persona y aún en la misma persona. Se puede aceptar que cuando haya más tensión o contradicción entre el falso self y lo verdadero el tiempo pasa más lentamente, mientras que cuando haya más unión entre ellos el tiempo pasa más rápido subjetivamente o la persona ni siquiera se da cuenta del paso del tiempo.

  1. El Castillo del Conocimiento.

El caballero y sus amigos, Ardilla y Paloma, continuaron el viaje por el Sendero de la Verdad. El caballero se afeitó su escuálida barba y cortó su largo cabello con el borde afilado del guantelete. Una vez hecho esto, se sintió mucho mejor, más libre que antes. Además, sin el yelmo, podía comer solo.

El Castillo del Conocimiento era más grande de todos los castillos que el caballero había visto. Los tres atravesaron la puerta y penetraron en una oscuridad muy densa. El caballero buscó a tientas las acostumbradas antorchas que suelen estar en la entrada de los castillos, pero no había ninguna. Ardilla llamó al caballero y le mostró una inscripción que brillaba en la pared, que decía:

“El conocimiento es la luz que iluminará vuestro camino.”

Su verdadero yo le dijo que cuantas más cosas sepa, más luz habrá en el interior del castillo. El caballero le dio razón y un rayo de luz se filtró en la habitación. Ardilla le llamó otra vez y le mostró otra inscripción que decía:

“¿Habéis confundido la necesidad con el amor?”

El caballero no quiso pensar sobre la pregunta por no tener tiempo y quiso salir con afán de la habitación todavía muy oscura para poder llegar pronto a la cima de la montaña. Paloma le dijo que tal vez lo que tiene que aprender allí sea que tiene todo el tiempo del mundo.

Aquí podemos considerar la actitud del caballero como una resistencia en forma de racionalización para no descubrir su verdad, para no tener un insight (intravisión) después de una interpretación en forma de pregunta.

Su yo verdadero le hizo pensar cómo había amado a Julieta y a Cristóbal, o los había necesitado para su propia conveniencia. El caballero se acordó que Julieta había empezado tomar mucho vino después que él ya había puesto permanentemente su armadura y no quería escucharla más, y las lágrimas brotaron de sus ojos. Después se acordó que había decidido no culparse a sí mismo sino siempre a los demás, y había hecho lo mismo con Julieta. Aceptó que había sido injusto con Julieta y que la había necesitado más que la había amado. Mientras continuaba llorando, le vino a la cabeza que también había necesitado a Cristóbal más de lo que le había amado. Un caballero necesitaba un hijo para que partiera a las batallas y luchara en nombre de su padre cuando éste se hiciera mayor.

Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: ¡había necesitado el amor de Julieta y Cristóbal porque no se amaba a sí mismo! De hecho, había necesitado el amor de todas las damiselas que había rescatado y de toda la gente por la que había luchado en las cruzadas porque no se amaba a sí mismo.

El caballero lloró aún más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría.

Al admitir esto, una luz brilló a su alrededor. Además, apareció Merlín, y le dijo que había descubierto una gran verdad, que sólo podía amar a los otros en la medida en que se ama a sí mismo. El caballero preguntó a Merlín sobre cómo empezar a amarse a sí mismo. Y el mago le dijo que ya había empezado al saber lo que ahora sabe. El caballero dijo, sollozando, que sabía que era un tonto. Y el mago le dijo que no, conocía la verdad, y que la verdad es amor. Esto consoló al caballero, y dejó de llorar. El caballero agradeció a Merlín por haber aparecido incluso sin haberle llamado. El mago dijo que estaba bien, y que uno no siempre sabe cuándo pedir ayuda. Y, dicho esto, desapareció.

Creo que el autor no acepta que amar a los otros y ser amado es también una necesidad psicológica del ser humano (pulsiones del vínculo afectivo). Seguramente, el autor quiere diferenciar el amor narcisista al otro (un objeto de sí mismo) del amor al otro considerado como un sujeto independiente. De otra parte, ahora sabemos que aún en el amor más maduro existe siempre un componente narcisista con sentimientos de pertenencia y de reciprocidad.

El mago dice que la verdad es amor. Creo que la verdad es, a veces, dolor y odio, porque el ser humano no solamente tiene pulsiones constructivas (Eros) sino también tiene agresividad y destructividad como resultante de pulsiones innatas o como resultante de reacciones a las frustraciones inevitables en su vida.

Entonces, Ardilla y Paloma, emocionadas, le mostraron un espejo que no reflejaba el aspecto sino reflejaba cómo uno es de verdad. Entonces, el caballero, sin entusiasmo porque nunca se había considerado muy guapo, se colocó ante el espejo. Para su gran sorpresa, en lugar de verse como se conocía y con ojos tristes, vio a una persona encantadora y vital, cuyos ojos brillaban con amor y compasión, y su rostro lleno de inocencia y belleza. Ardilla le explicó que estaba viendo a su yo verdadero y eso era su potencial, pero él había puesto una armadura para esconder sus sentimientos. El caballero trató de defenderse diciendo que no podía decir simplemente todo lo que le pasaba por la cabeza y hacer todo lo que le apetecía. Nadie le hubiera querido. Entonces se dio cuenta que se había pasado la vida intentando agradar a la gente, y todo para demostrar que era bueno, generoso y amoroso. En realidad, no tenía que demostrar nada. Era bueno, generoso y amoroso. Pensó que había desperdiciado toda su vida y tuvo ganas de llorar otra vez. Pero su yo verdadero le dijo que había necesitado tiempo para aprender todo lo que ha aprendido y que las lágrimas de autocompasión no le ayudarán para eliminar su armadura.

El caballero se miró en el espejo otra vez. La amabilidad, la compasión, el amor, la inteligencia y la generosidad le devolvieron la mirada. Se dio cuenta que todo lo que tenía que hacer para tener todas esas cualidades era reclamarlas, pues siempre habían estado ahí.

Ante este pensamiento, la luz brilló e iluminó toda la habitación revelando que el castillo tenía tan sólo una gigantesca habitación. Su yo verdadero le dijo que era la construcción estándar para un Castillo de Conocimiento, y que el verdadero conocimiento no se divide en compartimentos porque todo procede de una única verdad.

La conclusión del autor es también acusativo cuando dice que el caballero había puesto la armadura para esconder su bondad natural. Ahora sabemos que el infante crea inconscientemente y conscientemente sus mecanismos de defensas y de adaptación según las condiciones de su madre y de su ambiente intentando sobrevivir física y psicológicamente. Precisamente, el infante desarrolla un falso self para responder a las necesidades de su madre, como ocurre también en el desarrollo del complejo de la madre muerta (A, Green) donde el infante trata de adaptarse a su madre deprimida repentinamente. Me pregunto qué habría leído Narciso en los ojos de su madre que lo había concebido sin desear, como resultado de una violación por Cefiso. ¿Qué habría pasado si Tiresias, en lugar de adivinar el destino de un hijo sin padre, hubiera mostrado algo de empatía ante una madre atormentada, desorientada y sin marido? Tal vez no existiría el Mito de Narciso, o el Mito sería muy diferente.

Después descubrieron un gran manzano en el patio del castillo y una inscripción junto al árbol que decía: “Por esa fruta no impongo condición, pero ahora aprenderéis acerca de la ambición.”

El caballero entendía que los árboles y los animales no tuvieran ambiciones, pero cómo era posible que los seres humanos no lo tuvieran. Ya que los seres humanos siempre quieren progresar, ser más ricos, ser mejores que otros y mejores de lo que piensan que son ellos mismos.

Merlín que había aparecido, le explicó que él estaba intentando todo el tiempo por ser mejor que otros caballeros, que no ha podido disfrutar del simple hecho de ser. Además, dijo que la ambición que proviene de la mente puede servir para conseguir cosas bonitas, sin embargo, sólo la ambición que proviene del corazón puede dar, además, la felicidad. Explicó que la ambición del corazón no compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo. Es como el árbol de manzano, dijo, cuantas más manzanas coge la gente más crece el árbol y más hermoso deviene, es decir que desarrolla su potencial para beneficio de todos.

Ante la incredulidad y las preguntas del caballero, el mago explicó que habría que diferenciar la necesidad de la codicia. Si se aprendiera de un árbol se podría dar frutos, comprar lo necesario y se podría dar el resto a los más necesitados, en lugar de correr todo el tiempo para apoderarse de todo lo que se puede.

El caballero se dio cuenta que había construido su armadura por su ambición mental, y ahora comprendía que todo eso debía cambiar. Cuando se prometió que a partir de ese momento sus ambiciones vendrán del corazón, desaparecieron el castillo y Merlín. Y el caballero se encontró otra vez en el Sendero de la Verdad con Ardilla y Paloma, y notó con sorpresa que la armadura que cubría sus brazos y piernas se había oxidado y caído. Su barba había crecido. Era evidente que el Castillo del Conocimiento, al igual que el castillo del Silencio, había jugado con el tiempo.

El caballero reflexionó y decidió que era verdad que el tiempo transcurría con rapidez cuando uno se escuchaba a sí mismo. Recordó cuántas veces el tiempo se había hecho eterno mientras él esperaba que otras personas lo llenaran.

Ahora que le quedaba menos de su armadura, el caballero se sintió más ligero y más joven de lo que se había sentido en años. También descubrió que no se había sentido tan bien consigo mismo desde hacía mucho tiempo. Y partió hacia el castillo de la Voluntad y la Osadía con el paso firme de un muchacho.

  1. El Castillo de la Voluntad y la Osadía.

Cuando se acercó al castillo confiado de que lo atravesaría velozmente, se abrió la puerta y un enorme y amenazador dragón surgió de su interior, echando fuego por la boca. Espantado, el caballero se paró en seco. Había visto muchos dragones, pero éste no parecía a ninguno. Era enorme, y las llamas salían no sólo de su boca, sino también de sus ojos y oídos.

El dragón se presentó como el Dragón del Miedo y la Duda. El caballero se asustó mucho, se echó hacía atrás. Su yo verdadero le preguntó cómo se soporta si no tiene la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tiene de sí mismo. Y le recordó que el conocimiento de sí mismo era la verdad, y que la verdad es más poderosa que la espada, y que podía matar el Dragón del Miedo y la Duda.

El caballero pensó que no debería sentir ni miedo ni dudas y que el dragón no era más que una ilusión. El dragón existía sólo si él creí que existía. Intentó pasar con coraje a través de las llamas del dragón, pero su coraje comenzó a derretirse y con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salió corriendo.

Ardilla y Paloma le consolaron diciéndole que su primer intento había sido muy valiente. Le recordaron que el dragón y sus llamas eran simplemente ilusiones. Su yo verdadero lo convenció a intentar de nuevo. Efectivamente, el caballero, con su certidumbre que el dragón es una ilusión, venció al Dragón del Miedo y la Duda. El dragón le dijo, antes de desaparecer, que esta vez lo había vencido, pero que regresará una y otra vez para bloquear su camino. Así, el caballero se convenció de que el conocimiento de sí mismo puede realmente matar al Dragón del Miedo y la Duda. El castillo de la Voluntad y la Osadía desapareció porque el caballero acababa de demostrar que ya las poseía.

Es cierto que, más allá de las dificultades o de los peligros externos, con frecuencia proyectamos nuestros propios demonios o dragones, y nos asustamos bloqueando nuestras capacidades y/o no progresamos en nuestro sendero.

El caballero rio de pura alegría. Podía ver la cima de la montaña. El sendero parecía aún más empinado que antes, pero no importaba. Sabía que ya nada le podía detener.

La alegría que siente el caballero es un sentimiento de la realización de su sí mismo y de la confianza en sus capacidades.

  1. La cima de la Verdad.

Centímetro a centímetro, el caballero escaló, con los dedos ensangrentados por tener que aferrarse a las afiladas rocas. Llegando ya casi a la cima, se encontró con una inscripción que le bloqueaba su camino. La inscripción decía:

“Aunque este Universo poseo,

nada poseo,

pues no puedo conocer lo desconocido

si me aferro a lo conocido.”

El caballero se sentía demasiado exhausto para superar el último obstáculo, pero sabía que debía intentarlo. Ardilla y Paloma se sintieron tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues sabían que a veces la ayuda puede debilitar a un ser humano (como ocurre en casos de sobreprotección de los hijos por sus padres).

El caballero reflexionó sobre algunas cosas “conocidas” a las que se había aferrado durante toda su vida. Estaba su identidad -quién creía que era y que no era-. Estaban sus creencias -aquello que él pensaba que era verdad y lo que consideraba falso-. Y estaban sus juicios -las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas.

También conocía la roca a la cual se aferraba para seguir con vida ¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?

Su yo verdadero le dijo que sí, que tenía que soltarse, ya que estaban muriendo ahora mismo, lleno de estrés y miedo.

-No estoy tan asustado como antes -dijo el caballero.

-En ese caso, déjate ir y confía – dijo su yo verdadero.

_¿Que confíe en quién? -replicó el caballero….

-¡No es un quién, sino un qué!

-¿Un qué?, preguntó el caballero.

-Sí. La vida, la fuerza, el universo, Dios, como quieras llamarlo.

El caballero no parecía tener alternativa. Perdía fuerza con cada segundo que pasaba y la sangre brotaba de sus dedos allí donde se aferraban a la roca. Pensando que moriría, se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.

Recordó todas las cosas de su vida, de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás. A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.

Fue cayendo cada vez más rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacía su corazón. Luego, por primera vez en su vida, contempló su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse. En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía sobre ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma.

A partir de ese momento, fuera de sí mismo, nunca más culparía a nada ni a nadie de todos los errores y desgracias. El reconocimiento de que él era la causa, no el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenía miedo.

Le sobrevino una desconocida sensación de calma y algo muy extraño le sucedió: ¡empezó a caer hacia arriba! ¡Sí, parecía imposible, pero caía hacia arriba, surgiendo del abismo! Al mismo tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo más profundo de él, con el centro de la Tierra. Continuó cayendo hacia arriba, sabiendo que estaba unido al cielo y a la Tierra.

Repentinamente, dejó de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significa-do de la inscripción de la roca. Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído. Su voluntad de abarcar lo desconocido le había liberado. Ahora el universo era suyo, para ser experimentado y disfrutado.

El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino una sobrecogedora sensación de bienestar. Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba. Antes, el temor a lo desconocido había entumecido sus sentidos, pero ahora podía experimentar todo con una claridad sorprendente. La calidez del sol del atardecer, la melodía de la suave brisa de la montaña y la belleza de las formas y los colores de la naturaleza que pintaban el paisaje, causaron un placer indescriptible al caballero. Su corazón rebosaba de amor: por sí mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Paloma, por la vida y por todo el maravilloso mundo (Suena a un éxtasis budista).

Paloma y Ardilla observaron al caballero ponerse de rodillas, con lágrimas de gratitud surgiendo de sus ojos.

“Casi muero por todas las lágrimas que no derramé”, pensó. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto. Como provenían de su corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que no tardaron en derretir lo que quedaba de su armadura.

El caballero lloraba de alegría. No volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas direcciones nunca más….

Sonrió a través de sus lágrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de él, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el Sol.

Porque ahora el caballero era el arroyo. Era la Luna. Era el Sol. Podía ser todas estas cosas a la vez, y más, porque era uno con el universo.

Era amor.

Se concluye que apegarse de manera ansiosa a la identidad, a las creencias y a los juicios preestablecidos impide la abertura espiritual, los cambios y sobre todo conocer lo desconocido.

Creo que, para aceptar la muerte, la transitoriedad de la vida, el autor pide confiar a lo desconocido o al misterio del Universo, o a Dios. En este caso entra ya el fenómeno de la fe, que tal vez vaya más allá de la explicación psicoanalítica.

El caballero, durante su caída, se desprende de sus juicios, perdona a sus padres, su esposa y su hijo, y a los otros, acepta su pasado tal cual, se responsabiliza de su vida, su mente desciende hacía su corazón. Existen personas que, después de un accidente grave o de haber “muerto” y volver a la vida, cambian totalmente adquiriendo una actitud muy positiva ante la vida.

La capacidad auténtica, y no maniaca, de perdonar a los otros necesita de un superyó maduro, que deriva del hecho de haber sido capaz de reconocer la agresión y la ambivalencia en uno mismo y de la capacidad concomitante de aceptar la ambivalencia inevitable en las relaciones íntimas. El perdón autentico expresa una fe en la posibilidad de recuperar la confianza, en la posibilidad de recrear y mantener el amor a pesar y más allá de sus componentes agresivos, sobre la base de una nueva consolidación de la preocupación mutua.

La caída hacía arriba puede considerarse un símbolo de resurrección, de inmortalidad, como la flor que crece después de la muerte de Narciso. Pero esta caída hacía arriba puede describir también el éxtasis de una fusión. El narcisismo lleva no solamente a un retraimiento y a la muerte como pasó con Narciso del Mito, y nuestro caballero de armadura que estuvo cerca de una muerte psicológica, sino el narcisismo lleva también, en su forma expansiva, a más vida y más amor en la fusión gratificante con el otro en la excitación sexual y el orgasmo. Efectivamente, el deseo erótico se manifiesta como un anhelo de intimidad, fusión y mezcla que implica cruzar una barrera y convertirse en uno con la persona elegida.

Todo indica que el caballero no fue curado por el amor con su pareja conyugal, al contrario, con el tiempo se volvió cada vez más retraído, “impenetrable”, imposibilitando el acercamiento y la fusión transitoria. De otra parte, el enamoramiento se transformó en un amor maduro.

El individuo puede también fusionarse narcisistícamente con una cosa (fetiche considerado como un objeto de sí mismo), una idea (el psicoanálisis, un partido político, la patria, etc), una persona idealizada (transferencias narcisistas arcaicas), un grupo o una institución (la familia, la APC, la API, una universidad, la hinchada de un equipo de futbol o de un cantante, etc.), la naturaleza, el Universo, el Dios, y puede sentir una sobrecogedora sensación de bienestar, un placer indescriptible, un corazón rebozando de amor y tener lágrimas de alegría y de gratitud como resultante de una elación narcisista o éxtasis místico. L1o que parece haber ocurrido al caballero en la cima del “Sendero de la Verdad”.

 
 

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